A. Brea Romero
Martes 19 de febrero de 2019
En un país tan dado a los extremismos, a las dos Españas cainitas, saludé con especial alegría la llegada de un partido centrista. Pero pronto se vieron las taras de la tierra de donde surgía. Un excesivo apego a una rígida ideología, primero a la izquierda y después a la derecha, hasta el punto de pactar ahora con la extrema derecha de Vox y reforzar su deriva ahora al extremo de juramentarse antes de las elecciones a no pactar con el PSOE. Apenas cabe, pensar en una manera de hacerse más daño a sí mismo y a España entera. Empiezo a comprender a los analistas que vaticinaban su fuerte caída electoral por el fracaso de un proyecto centrista que tanto bien nos podría haber hecho.
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