En los años 50, algunos investigadores anglosajones empezaron a preguntarse por qué los hombres y las mujeres escogían diferentes carreras universitarias. En esos primeros estudios, se comprobó que existía un sesgo que llevaba a las alumnas a elegir estudios de Humanidades o relacionados con el cuidado de otras personas. Había muy pocas arquitectas, matemáticas o químicas.
Amparo Tomé destacó que “no solo era el sexo lo que nos dividía, sino que había un constructo social sobre el sexo. Es decir, se construían maneras de ser hombre y de ser mujer. Entonces fue cuando se empezó a hablar de género y sobre cómo la sociedad establece unas normas para que las niñas sean de una forma y los niños de otra”.
En este sentido, Tomé destacó cómo las expectativas que creamos en torno a niños y niñas marcan el desarrollo de su vida y llamó a romper con los estereotipos, empezando por el valor que otorga la sociedad al trabajo y a los cuidados. “Hasta ahora, el trabajo era lo central, pero, a partir de ahora, va a desaparecer tal y como lo conocemos. Empecemos a poner la vida en el centro, hablemos de valores que tienen que ver con el cuidado de las personas. Cuidar es lo que mantiene la vida. Si no sabemos cuidar, no sabemos vivir”.
En esta línea, Tomé apuesta por ayudar a los niños a desarrollar su sensibilidad como el primer paso para poner en valor el cuidado de los demás. “Cuando empezamos a analizar cómo se construye la masculinidad, vimos cómo sufren los chicos. Tienen que ser los primeros en todo, no pueden demostrar sensibilidad, cuando la sensibilidad significa ser sensible a la vida y los sentimientos de los otros. El valor del cuidado nos acerca a la vida”, subrayó.
Joaquim Montaner, padre de seis hijos, coincidió con la socióloga en este extremo. Así, explicó su experiencia en la creación de una comunidad de blogueros que escriben sobre paternidad en igualdad. “Creo que es importante la construcción de un nuevo discurso de hombres que cuidan”, apuntó.