Esto puede traducirse en pérdida visual a través de dos formas: por encharcamiento o edema y por retinopatía diabética proliferativa. Esto produce hemorragias, desprendimiento de retina o glaucoma que requieren cirugía. Sin embargo, más del 90% del tratamiento de la retinopatía diabética depende del propio paciente y de sus hábitos, del control de los niveles de azúcar en sangre, colesterol y tensión arterial, así como evitar la obesidad y el tabaquismo pueden ser claves.