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¿Cómo nos afecta la lumbalgia?

MDO | Martes 24 de julio de 2018
El dolor de espalda es una sensación constante entre la población española. Tanto, que a veces tendemos a naturalizarlo y a vivir con ello. Sin embargo, las molestias producidas por la lumbalgia pueden ser tratadas y reducidas de manera importante si tomamos las medidas necesarias. Por eso, es imprescindible que la sociedad tenga conocimiento de ellas y pueda echar mano de recursos como el contacto de HHP Spain.

Algunos datos sobre esta afección

Los últimos estudios médicos estiman que, alrededor del 80% de la población padece o ha padecido lumbalgia en algún momento de su vida. Además, tiene una prevalencia puntual que alcanza un baremo que va del 17 al 32%. Se calcula también que la media de días perdidos a causa del dolor es, en España, de 16,8 lo que supone un coste de 15.000 millones de euros anuales. En este gasto público la lumbalgia es una de las afecciones que más lo hace incrementarse, siendo también una de las más frecuentes entre la población. De hecho, cada año se producen alrededor de dos millones de consultas en atención primaria debidas a la lumbalgia. Así mismo, un dato que resulta también muy revelador es el hecho de que, entre las personas de menos de 50 años, la lumbalgia es una de las causas más habituales de las incapacidades laborales.

A la vista de estas cifras, lo más lógico es que cada paciente pueda identificar cual es la causa o posibles causas de la lumbalgia que padece y saber qué tratamientos y medicamentos pueden serle suministrados.

¿Por qué padecemos la lumbalgia?

Conocer qué nos ha provocado una lumbalgia nos puede ayudar, sobre todo, para tratar de evitar ciertos movimientos en ocasiones posteriores. Por ejemplo, si de repente cogemos un objeto que nos resulta pesado, podremos provocar la distensión de un músculo o de un ligamento que se encuentren en la zona baja de la espalda. Lo mismo nos puede ocurrir si, sin haber levantado un peso grande, sufrimos una torcedura brusca o un movimiento inadecuado.

Además, la lumbalgia puede producirse también como consecuencia de alguna patología o verse agravadas por los efectos de estas, por ejemplo: la osteoartritis, la osteoporosis, la estenosis vertebral, la hernia discal, etc.

¿Cómo sabemos si padecemos lumbalgia?

Lo ideal para ello es acudir a un especialista. No obstante, hay una serie de síntomas que nos pueden hacer intuir que el dolor que padecemos está producido por una lumbalgia. En cada paciente pueden manifestarse uno o varios al mismo tiempo. Entre estos síntomas, los más habituales son:

  • Dolores y molestias que se ramifican por una de nuestras piernas.
  • Dolores que se manifiestan a la altura de las ingles, las nalgas o en la zona más alta del muslo.
  • Espasmos de tipo muscular
  • Dificultades para moverse, impidiendo incluso la posibilidad de incorporarse, ponerse de pie o caminar.
  • Una zona fácilmente identificable que resulta dolorosa con la palpitación.

Eso sí, es importante saber que el grado de dolor puede variar mucho de unas personas a otras: pudiendo ir de más leve a más grave.

¿Cómo tratarla?

Como ocurre con otras patologías, el tratamiento para la lumbalgia va a depender de muchos factores: la edad del paciente, el tipo de lumbalgia, la intensidad del dolor, etc. En algunos casos, lo que se recomienda es el reposo absoluto, dejando a la persona totalmente inmovilizada. En otros casos más leves o cuando la mejoría es notable, se puede proceder a realizar ciertos ejercicios, siempre bajo las indicaciones de un profesional.

Por otra parte, la recuperación acostumbra venir acompañada de un tratamiento farmacológico. Entre los medicamentos más habituales se encuentran los analgésicos como el paracetamol, así como los antinflamatorios y relajantes musculares. De esta manera se consigue que la zona vaya poco a poco destensándose y desinflamándose, por lo que se conseguirá que el dolor vaya también reduciéndose.

Además, mecanismos de tipo más caseros como pueden ser la aplicación de frío o de calor pueden ser también bastante efectivos y aliviadores.

Un punto importante ligado también a la recuperación es la reeducación. Especialmente si nuestra lumbalgia ha sido provocada por un movimiento brusco, una mala postura o acciones con pesos. La reeducación será la base para que en el futuro consigamos evitar de manera casi inconsciente este tipo de situaciones.

Así mismo, en la actualidad es cada vez más frecuente que algunos pacientes quieran acompañar los tratamientos con otros métodos más innovadores y alternativos. Un ejemplo es la acupuntura. Pero no el único. La fisioterapia también es muy habitual. Se recomienda sobre todo para el lumbago provocado por espasmos o tirones de tipo muscular. Eso sí, es imprescindible ser cautos y no proceder a esta técnica en los primeros días o si el dolor está todavía en una fase muy aguda, ya que el paciente podría no soportarla. Puede emplearse, sin embargo, posteriormente, ayudándonos incluso en esa reeducación tan necesaria que mencionábamos.

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