Pues si alguien tenía dudas en este sentido, o era un iluso, o un optimista mal informado. Eso sí, había que ponerle algunas páginas al cuento antes de terminarlo con un: “fueron felices y comieron...”. Había que echarle un poquito de suspense, dando largas cambiadas, y había que rematar con un guiño, más que nada para el disimulo, haciendo ver que el PSOE no había cedido a cambio de nada; es decir, que habría impuesto alguna exigencia. Y, claro, esa exigencia es mínima y de cara a la galería, ya que las modificaciones sólo afectan a un 0,7 por ciento del presupuesto, que es el chocolate del loro, o mejor dicho, del oro, porque cada impuesto que paga el madrileño, es oro para las arcas municipales. Lo que hace el amigo socialista es devolverle al amigo de Podemos, parte del favor que éste último le prestó a Sánchez para desalojar a Rajoy de la Moncloa. No ha sido un gran favor, pero por algo se empieza en la feria de las contraprestaciones.
Por cierto, ya tenemos un nuevo producto de la Factoría de Ocurrencias Manuela Carmena. El Ayuntamiento obsequiará con un bono transporte, durante un año, a aquellos madrileños que den de baja un vehículo contaminante. Y yo, que tengo un vehículo no contaminante, ¿por qué tengo que pagar de mis impuestos el transporte público al que decida abandonar su coche contaminante? Ahora Madrid vuelve a marearnos con medidas efectistas y no efectivas.