Todos hemos recibido como una mejora la apertura del nuevo estadio del Atlético de Madrid, el Wanda Metropolitano. Y como suele ocurrir, la atención se ha puesto en la capacidad del nuevo campo, en el césped, en el vestuario, en la cortina led de la fachada, en los accesos o en la falta de ellos y en el gol de Griezmann que inauguraba el moderno marcador. Y como a rey muerto rey puesto, el Vicente Calderón ha pasado a formar parte del capítulo “Historia del club”.
Este fin de semana pasé junto al estadio del Manzanares; estaba como desarbolado, sin focos, sin ambiente, como esos edificios industriales que esperan la piqueta renovadora. Cuando dentro de unas semanas o meses, porque en Madrid todo se demora, empiecen a caer los bloques de hormigón el estadio volverá a las primeras de los periódicos.
Yo lo lamentaré por haber sido uno de los referentes deportivos de esta ciudad durante 50 años, pero me alegraré porque, desde el punto de vista urbanístico, siempre me pareció un despropósito que el Ayuntamiento presidido en 1966 por Arias Navarro permitiera su apertura. Sin embargo, durante nada menos que siete años la corporación municipal dejó que las obras avanzaran sin licencia, amparadas tan solo porque los terrenos habían sido adquiridos, con una rebaja de precio sustancial, a un organismo estatal como era Canalización del Manzanares, constituido para hacer precisamente eso: canalizar el río con lo obtenido por la venta de parcelas en ambas márgenes a promotoras de viviendas.
Al Ayuntamiento de entonces no le importó que el estadio que se estaba construyendo de forma ilegal estuviera apoyado en el borde del río, ni le importaron las voces que advertían de los futuros problemas de tráfico que su actividad iba a causar en el barrio. Tan solo levantó la voz el 30 de sepiembre de 1966, dos días antes de la inauguración, y como por arte de magia el embrollo se solucionó tras presentar el club una solicitud para legalizar lo ya realizado. La decisión municipal de autorizar la apertura del estadio, impuesta por las autoridades franquistas, fue seguida de numerosas críticas en la prensa de la época, pero el escollo principal se había salvado. Los 42.000 asistentes al partido inaugural aplaudieron el gol de Luis en aquel partido que el Valencia logró empatar.
De esta forma el Vicente Calderón se integró en la estructura de Madrid y aguantó el paso del tiempo; incluso se salvó cuando se acometió el soterramiento de la M-30 a pesar de romperse así la continuidad del parque Madrid Río. Con la inauguración del Wanda Metropolitano se pone así fin a un desatino urbanístico y se da luz verde para que algún día la ciudad pueda recuperar definitivamente este tramo del Manzanares.