Una isla negra y maloliente se alzaba, hasta hace unos días, interrumpiendo el cauce del arroyo Antequina, en la Casa de Campo. Durante años, los residuos arrastrados por estas aguas se han ido acumulando en el riachuelo, que ha visto cómo su profundidad pasaba de 1,80 metros a apenas una lámina de 10 centímetros en algunas zonas.
Tras una denuncia de Ecologistas en Acción, el Ayuntamiento de Madrid se ha puesto manos a la obra este verano y el 2 de agosto comenzó a extraer los lodos del arroyo, trabajos que concluyeron cinco días después.
Actualmente, los restos, en proceso de secado, se encuentran junto al Antequina, pues tienen que ser analizados para para determinar si son adecuados para su traslado y posterior utilización en los viveros de Migas Calientes, en concreto, en los cuadros de producción de planta.
Estos trabajos han devuelto al arroyo su profundidad original, de 1,80 metros, aunque todo apunta a que volverán a formarse estos lodos de no solucionarse el problema original.
El Antequina es un arroyo estacional por el que fluye el agua de las lluvias. Pero desde hace años, además de agua este arroyo arrastra restos orgánicos, tierra y elementos contaminantes como plomo y cadmio, según se ha denunciado en repetidas ocasiones.