Las urgencias, continuo ajetreo de camillas, pacientes, vías, tubos de analítica, electros, monitores, fármacos, y gente muy preparada capaz de salvarlo todo, o mejor dicho, casi todo.
(En escáner):
(chachacchacchacchac).
(Aún en la sala):
Tenemos mucha suerte. Dicen que hoy en día contamos con los mejores profesionales de la salud de todos los tiempos (Enfermeros, Médicos, Fisioterapeutas, Terapeutas Ocupacionales, Psicólogos, Farmacéuticos, Logopedas…) y que además tenemos los mejores medios tecnológicos para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, pero también se ha de reconocer que no tenemos en cuenta las formas, lo que es esencial: La persona y su circunstancia.
Hoy les cuento la historia de un paciente de 92 años que sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) o lo que es lo mismo: un infarto cerebral, ICTUS o apoplejía. No les puedo contar si tenía la suerte de ser abuelo o no, ni si era rico o pobre, pero sí algo que me dijo antes de despedirnos: era Fisioterapeuta y conocedor de cada síntoma del ACV.
¿Se imaginan algunos de ustedes en esa cama?
Sé que quieren saber qué paso al final. El paciente llegó a neurología en decúbito supino (posición del cuerpo cuando está tendido boca arriba, para el resto de los mortales) y recibió su tratamiento. Sin prácticamente secuelas fue dado de alta en el hospital, semanas más tarde. ¡No se extrañen! ¿Qué esperaban? Ya les he dicho que somos gente muy preparada capaces de salvar casi todo.
Añado el ‘’casi’’, porque a pesar de que nos acordábamos de la A. cerebral media, de la fisiopatología del ACV, de la farmacología, y del famoso código ICTUS,…Nos olvidamos de Juan.
Las urgencias, continuo ajetreo de llantos, dolor, sufrimiento, preocupación en la gran mayoría de los casos, y gente que a veces se olvida de tratar todo esto.
Añadamos al tratamiento el trato, porque en las urgencias también este último es urgente.