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La batalla continua contra las malas prácticas de los bancos

Viernes 26 de mayo de 2017

Los expertos aseguran que es crucial empezar a mejorar desde ya mismo la supervisión financiera española, ya que estamos frente a un caótico sistema de abusos que afectan a un gran número de clientes, haciendo que estos se puedan sentir irritados, vulnerables y que desconfíen de cualquier trato que les puedan llegar a ofrecer.



Las malas prácticas en el sector bancario es algo que está a la orden del día; todo apunta a que está relacionado con la crisis económica, aunque también se especula con que el sistema vigente ha llegado a un punto en el que debe de ser renovado, puesto al día con unos cambios contundentes, significativos y sobre todo, rápidos.

Un informe presentado por el “Defensor del Pueblo” en 2011 en las “Cortes generales” da un necesario toque de atención a los responsables de comprobar que las entidades bancarias cumplan con lo que prometen. La propia “Defensora” hace referencia al creciente número de quejas de los clientes en este ámbito; por lo general, se alude a que el descontento parte de la base de que el cliente no dispone de garantías que le hagan confiar en que el sector financiero no le va a engañar.

En el informe se mencionan problemas en el cobro de comisiones (algo que hemos podido ver en la gran mayoría de cajas y bancos españolas), ejecuciones de hipoteca, en la aparición de hipotecas multidivisas, establecimiento de cláusulas abusivas…

Un tema que está muy vigente a día de hoy y que lo ha estado durante todo lo que llevamos de crisis económica, es el que apunta a la “dación en pago”. La única solución que se propuso desde el Gobierno es la emisión de un “código de buenas prácticas”, manual que se puso a disposición de los bancos, anunciado por el Ministerio de Economía en un Real Decreto. Desgraciadamente, a efectos prácticos, este código no ha tenido ningún valor.

Las cifras espeluznantes de una realidad que está cambiando

Las reclamaciones que los clientes presentaban ante el Banco de España se incrementaron de las 7449 del año 2008 a 13640 en el año 2009, llegando hasta a las 14760 en el año 2010. Eso era algo que cabría esperar, ya que, al fin y al cabo, estos fueron los 3 años más delicados de la crisis económica pero lo peor de todo es que las cifras siguen incrementándose. A pesar de haber ahora una determinada recuperación económica, los bancos siguen queriendo aprovecharse de la necesidad del cliente, ofreciendo un tipo de producto engañoso, que no se adapta a lo que se está buscando.

Si comparamos esta situación con otros países, España no ha tomado las medidas que debería. Por ejemplo, en el año 2010, en EEUU se crearía una “Oficina de protección financiera hacia el consumidor”, establecida por el entonces presidente Obama, con el objetivo de atender a las necesidades de cualquier tipo de usuario. Lo cierto es que esta medida consiguió reducir de una manera más que considerable las quejas que se habían formulado.

La situación en España, según la gran mayoría de los clientes, es insostenible. El sistema de detección de malas prácticas no funciona de manera eficiente, haciendo que estos se puedan sentir defraudados con el sistema.

¿A qué nos referimos exactamente con malas prácticas?

El propio concepto de “malas prácticas” puede ser algo confuso. Si lo analizamos desde el punto de vista de la cultura corporativa, una “mala práctica” se podría definir como un determinado acto ilegal. Sin embargo, siendo justos, para que un acto sea ilegal debería de infringir una ley o un determinado acto jurídico. Es por ello, por lo que son muchas las entidades las que se esfuerzan en decir que tan solo estarían cometiendo una ilegalidad quien ejerza jurisdicción.

De esta manera, si nosotros, como clientes, somos víctimas de una mala práctica, no nos quedará otra que irnos a un juez. Los jueces, estando saturados de trabajo, pueden decidir toma una u otra decisión en un determinado espacio de tiempo, que podría ser un par de años, dando la posibilidad de que ambas parten apelen si fuera necesario. Y lo peor de todo es que ni el “servicio de atención al cliente”, ni los supervisores públicos, ni el defensor del cliente tienen la potestad jurisdiccional para echarnos una mano y agilizar los tiempos.

Lo mejor que podemos hacer es actuar con rapidez y ponernos en contacto cuanto antes con un grupo de abogados de nivel, que cuenten con un considerable número de pleitos resueltos a su favor. Un buen ejemplo es el despacho de abogados en Madrid Navas & Cusí, en el que podremos confiar para denunciar las malas prácticas que hayamos experimentado por parte de cualquier entidad bancaria.

El malentendido se produce cuando se llega a la conclusión de que un acto ilegal nunca va a ser una mala práctica (o esto es lo que nos han hecho creer). Se supone “una mala práctica” en el momento en el que el acto es delictivo, cuando se aplican cláusulas abusivas o se vulneran algunas de las normas que se han establecido.

La mala práctica surgiría, en este caso, de cerrar un determinado trato bancario con un cliente específico en unas determinadas circunstancias. De esta manera, habría que plantearse previamente si el cliente fue bien informado en el momento oportuno, si este usuario sabía, bien por su formación, bien por las diferentes circunstancias, las obligaciones que estaba contrayendo, si el producto que contrató era apropiado para él, si lo solicitó él mismo o si se le impuso de alguna manera, si tuvo tiempo y la oportunidad para poder revisar el contrato o bien si se le condicionó para que firmarse inmediatamente en la zona de “firme aquí”, así como muchas otras cuestiones.

El tema está algo complicado, por lo que son los despachos de abogados los únicos que pueden ofrecernos algo de paz en esta situación tan caótica.

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