Opinión

El juego de las palabras

Fernando González | Miércoles 17 de mayo de 2017

¡Las cosas que pasan en Madrid! Desde hace algunos años, demasiados diría yo, algo olía muy mal en ciertos recintos de la política municipal y regional. Pocos se imaginaban, sin embargo, que la basura corrompida se acumulaba en bastantes despachos oficiales, amenazando con su hedor la estabilidad de nuestras instituciones locales. Sanear ahora lo que otros ensuciaron antes resulta tan necesario como abrumador. No basta con barrer y limpiar lo que está a la vista, hay que levantar las alfombras, rebuscar en los armarios y frotar con brío en los rincones más escondidos.

Por si no fuera poca la tarea, aquí se zancadillea a los operarios que se encargan de la limpieza. Ya digo: ¡Las cosas que pasan en Madrid! Identificadas y encausadas las bandas de políticos corruptos y corruptores sin escrúpulos, encarcelados preventivamente Paco Granados y Nacho González, supuestos protagonistas de las tramas Púnica y Lezo, a la gravedad de los hechos descubiertos se suman los embrollos que rodean el procedimiento.

Las filtraciones de algunos puntos esenciales del sumario y los paseos de algunos acusados por territorios oficiales que nunca debieron pisar, coincidentes en un periodo corto de tiempo, están despistando al personal. Parece mentira que se hable más de dichas peripecias que de los presuntos delitos cometidos por el que fuera Presidente de Madrid. Todo esto sucede porque el Gobierno de la Nación y su Ministerio Fiscal se han dedicado a jugar con las palabras. Sospecho que en algún lugar se ha constituido un comité para asuntos gramaticales. De tal organismo deben proceder los ajustes lingüísticos que venimos observando.

Como saben, los fiscales denunciaron lo que parecía un aviso interesado a los sospechosos investigados por la policía. La nota parecía culpar al Director General de Seguridad. Bastó con borrar un por y escribir un de en su lugar. Lo negro se transformó en blanco. La Fiscalía terminó por exculpar a Nieto y pedirle públicamente disculpas. Si el humorista Gila viviera diría algo muy parecido a lo siguiente: alguien se chivó de algo a alguien. El chivato ha quedado oculto en la nebulosa que rodeó esa actividad delatora.

Puestos a simular con las preposiciones, probemos con sobre, bajo, sin, so, hasta y hacia. En un principio la autoría del chivatazo recayó sobre Nieto, que quedó bajo sospecha. La aclaración posterior dejó sin fundamento la acusación, so pena de nuevas sorpresas. Hasta ahí llegó el sainete, aunque nadie sepa hacia donde se encaminan los pasos del juez instructor. Es fácil, como vemos, jugar con los vocablos, pero resulta muy peligroso cuando definen conceptos tan sensibles como la justicia o la seguridad.

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