En China, por ejemplo, esta dolencia se está cebando particularmente con los jóvenes. Así, hace 70 años el número de afectados no pasaba del 20 % y ahora hablamos de un abrumador 90 %.
En España, aunque las cifras todavía no son tan demoledoras, nos situamos en un 50 % de jóvenes –entre 21 y 30 años– que ya presentan problemas de miopía.
De esta manera, las nuevas generaciones parecen abocadas a incrementar el número de miopes que ya encontramos en abundancia en España. Sin ir más lejos, un 62,3 % de la población usa gafas —aunque no solo por problemas de miopía—, un 9,4 % recurre a las lentillas y un 7,4 % se ha despedido tanto de gafas como de lentillas tras someterse a una cirugía refractiva.
Además de los evidentes trastornos en la vida de las personas afectadas, la miopía arrastra una factura económica considerable. De hecho, se estima que la corrección para los miopes moderados exige un desembolso de en torno a los 300 euros por persona al año. Es decir, un gasto de 3.500 millones para todos los españoles.
Esta traducción a términos económicos es obra de Javier García, presidente de la Asociación de Miopía Magna con Retinopatías (AMIRES): ‘En cualquier país desarrollado, la miopía genera una carga económica y social muy importante, tanto a la persona que lo sufre —afectando a su autonomía y calidad de vida e incluso poniendo en riesgo su puesto de trabajo— como a la totalidad del Estado’.
Aunque es cierto que existen los factores genéticos que nos pueden predisponer al desarrollo de la miopía, muchos de los actuales casos son evitables. De este modo, la receta de los expertos para poner coto al avance de la miopía pasa por incluir en la agenda de nuestros hijos actividades al aire libre.
En este sentido, una investigación publicada en la revista The Lancet en 2012 reveló la gran influencia que tiene el sol para estimular la producción de una sustancia química llamada dopamina. Esta es capaz de frenar el alargamiento del globo ocular al que se considera culpable de la distorsión del foco de luz que entra en el ojo y, por lo tanto, de la miopía. También es recomendable no excedernos con el uso de teléfonos inteligentes, tabletas y ordenadores, pues hacen que forcemos la vista de cerca.
Algunos estudios sugieren que el tiempo recomendable es de tres horas al aire libre, pero como esto no siempre es posible, buscan alternativas: ¿qué tal que se impartan algunas clases en el patio del colegio? También se baraja disponer de algunas aulas con paredes de cristal. El tema no es baladí si recordamos el impacto económico de la miopía y sus evidentes repercusiones en la salud, así como en la calidad de vida de las personas que la padecen.
En definitiva, la ofensiva para plantar batalla a la miopía consiste en volver a criar a los niños como antaño, en la calle y con actividades al aire libre. Por lo tanto, esta tarde toca parque, ¿verdad?