Ricardo Megías | Jueves 02 de marzo de 2017
En los últimos años hemos asistido a un importante aumento del número de personas afectadas por alergias e intolerancias alimentarias, lo que supone un problema de seguridad alimentaria a tener muy en cuenta. Se estima que en torno al 4% de los adultos y el 6% de los niños sufren este tipo de hipersensibilidad. La única opción para estas personas consiste única y exclusivamente en evitar ciertos alimentos que contienen alérgenos. Algo que no resulta tan sencillo, a pesar de que cada día contamos con más información sobre estas cuestiones. En este sentido, el reglamento 1169/2011 de la Unión Europea tiene como objetivo establecer las bases para garantizar la “protección de los consumidores en relación a la información alimentaria”. Cuando hablamos de personas con alergias o intolerancias, ¿realmente se está garantizando esta protección? Pienso que no.
Desde la entrada en vigor en 2014, todas las empresas alimentarias tienen la obligación de facilitar información sobre ingredientes alergénicos empleados en los alimentos que venden. Esta información debe estar clara, legible y disponible de forma escrita en soportes como menús y carteles informativos. ¿De verdad, alguien puede creer que se está cumpliendo con esta obligación? Pienso que no, al menos en gran parte de los establecimientos de alimentación, lo que nos lleva a pensar que en materia de información, no está garantizada esa protección tal y como plantea el reglamento europeo.
Otra normativa, en esta ocasión el reglamento 852/2004 relativo a higiene de los productos alimenticios, dispone que “Las empresas son las responsables de garantizar, que los empleados cuenten con la formación adecuada sobre manipulación de alimentos y de acuerdo con la actividad a realizar”. Esta formación se debe acreditar documentalmente cuando se solicite por la autoridad competente.
Teniendo en cuenta esta premisa, me propuse dos cosas; la primera, averiguar si los cursos de formación ofertados para manipuladores de alimentos, incluyen materias relativas a la gestión y tratamiento de alérgenos. La respuesta es no.
Lo segundo que me propuse, fue obtener la acreditación de manipulador de alimentos. Actualmente no lo necesito, pero quise así, meterme de lleno en el proceso para llegar a ser “un profesional capacitado y preparado para garantizar un tratamiento seguro de los alimentos”.
Comencé por seleccionar en Internet, un centro homologado que ofrecía aparentemente confianza. Lo siguiente fue pagar el importe del curso y a continuación, descargar el temario. Me limité a revisar el sumario y los encabezados que abrían los diferentes apartados; todo ello, con la esperanza de encontrar algún contenido sobre alérgenos. La respuesta otra vez es no.
A pesar de ello, me dispuse a realizar el examen, y lo hice sin estudiar absolutamente nada, o tan siquiera leer el temario. Utilizando sólo la intuición, logré aprobar el examen y además con nota alta, pues solo fallé una pregunta.
En aproximadamente 15 minutos tuve tiempo de rellenar un formulario con mis datos, pagar con la tarjeta de crédito, revisar el sumario del temario y por último, realizar el examen. Esto no es un cuento, es una experiencia real. En unos días recibiré la certificación que me acredita como manipulador de alimentos, lo que me convierte en “un profesional capacitado y preparado para garantizar un tratamiento seguro de los alimentos”.
Esto me sugiere 2 preguntas. La primera es, si realmente esto es serio; la segunda, si confiaría usted en alguien como yo, para prepararle un plato, suponiendo que sufra algún tipo de alergia o intolerancia a los alimentos.
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