Si hay algún actor español que merezca en estos momentos el premio a toda una vida, ése es sin duda Tony Leblanc. Un niño grande que, desde pequeño, soñó con hacer disfrutar a los demás mediante el humor y se convirtió en uno de los cómicos más reconocidos del país. Actor de una filmografía tan extensa como llena de éxitos, ha estado en la cresta de la ola y ha visto como su fama desaparecía por un desgraciado accidente. Recuperado para las cámaras por la película Torrente de Santiago Segura, Tony Leblanc se encuentra en un momento tan prolífico como le permiten sus cansadas piernas. Ha rodado Torrente 3, actúa en la serie Cuéntame y prepara la publicación de su primer poemario. Éste es el repaso a la vida de, como él mismo se define, "una buena persona".
El 7 de mayo de ese año, sí, a la misma hora que moría el gran torero 'Granero'. Lo extraño fue que nací en el Museo del Prado, creo que soy la única persona del mundo que ha nacido en la pinacoteca más importante del mundo. Acabo de cumplir, por tanto, 83 años, y de ellos llevo 76 años como actor. Creo que soy, sin duda, el actor más veterano de España y también creo que soy el más polifacético y uno de los mejores actores de este país. Además, soy muy querido por el público. Luego la crítica tiene su propia opinión.
¿Cómo fue lo de nacer en el Museo del Prado?
Mi padre era el portero de una de las puertas del museo, mi madre estaba embarazada de mí e iba a verle a menudo. Una de las veces que mi madre pasaba por allí, rompió aguas y lo que hicieron fue meterla en el museo. Así que nací en una salita con tapices de Goya. Creo que sólo por esto ya estaba predestinado para el arte, por lo que no fue extraño que con seis años empezara a hacer pequeñas obras de teatro para los niños del barrio de Usera, donde veraneábamos. Ponía una sábana como decorado y representaba una pequeña obra para más de cien niños.
¿Cuáles fueron sus principios como actor?
A partir de la realización de estos teatrillos, mi maestra me pidió, con sólo siete años, que fuera la protagonista de El contrabando, una obra en la que hice el papel de carabinero. Como no sabía leer bien, me aprendí directamente el papel de labios de mi profesora. Luego, a los 10 años, comencé a bailar claqué con una señorita que me enseñó. Llegué a ser campeón de España de claqué.
Más tarde vendría la Guerra Civil y unos años más tristes...
En 1936 yo tenía 14 años, y estaba trabajando de ciclista en los Canales de Lozoya para llevar papeles sobre el agua. El jefe de esos canales era José Carreño, quien me daba partes secretos para el General Miaja y para el Coronel Casado. A mí me decían que eran papeles normales, pero llegué a saber que contenían información importante para la guerra. Cuando concluyó la guerra, alguien dio el chivatazo de que yo había trabajado para estos generales y me metieron en la cárcel durante un mes, hasta que vino mi padre y me sacó porque yo, en realidad, estaba allí por nada.
Actor y ciclista no han sido sus únicos trabajos, ¿no?
No, durante la guerra y la posguerra he tenido muchas profesiones: he sido joyero, bailarín de claqué, representante de anís, vendedor de corbatas y ayudante de escultor limando vírgenes de escayola. Hubo una época de mi vida en la que fui boxeador los sábados y futbolista los domingos. En boxeo, fui campeón de Castilla, mientras que en fútbol jugaba en el Chamberí.
¿Cómo lo conquistó "su" Isabel?
Ella era bailarina en el ballet de Lola Flores y Caracol, yo trabajaba allí con la que era mi novia, Nati Mistral. A la "antipática" de mi mujer la invité una vez al cine y se enfadó mucho, me dijo de todo. Pero luego tuve problemas con Nati y la acabé dejando. Más tarde volví a bromear con Isabel y me hizo caso..
Cuando estaba en la cresta de la ola, su vida cambió radicalmente.
Sí, mi vida cambió por el accidente que tuve con un criminal de la carretera. Yo hacía entonces 5, 6 o 7 películas al año, y antes del siniestro pensé "voy a pasar unos años sin hacer cine". Luego vino la desgracia. Fue la peor época de mi vida, descaradamente. Me sometieron a 17 operaciones y perdí muchos amigos. Carmen Sevilla, por ejemplo, me confesó hace poco que no vino a interesarse por mí porque le dijeron que me moría y no se atrevía a verme en ese estado. Lo pasé muy mal.
¿Qué película recuerda con más nostalgia?
Quizá una de las últimas antes del accidente, Tres suecas para tres Rodríguez. Aunque yo quiero todas las películas que he hecho. En una hice de galán, en otra de cómico, en alguna tienes suerte y en otra no. Puede que la más completa sea El hombre que se quiso matar porque en ella aparecen muchas de mis dotes como actor. Yo tengo todas las cintas y a todas les encuentro peros, aunque suelo estar satisfecho en general. También tengo que decir que yo estoy realmente enamorado del teatro, porque es donde se ve la esencia del actor.
¿Y cómo le fue en su etapa como director?
Primero escribí El pobre García, de la que hice guión, música, dirección, actuación y producción, pero me robaron los derechos y los vendieron sin mi consentimiento. Para quitarme esa espina, hice Los pedigüeños, en la que también lo hice todo yo sólo, hasta actuar como protagonista. No conozco a nadie más que haya hecho esto, producirse una película en la que lo hace todo él. Se estrenó en el Cine Rialto y fue un gran éxito pese a estar poco tiempo en cartel. Luego preparé Una isla con tomate, pero fue censurada porque durante la historia enseñaba a nadar a una mujer casada, por lo que me arruiné. He escrito muchas películas y guiones de revistas teatrales.
Hábleme de su trabajo actual en la serie Cuéntame.
Entrar en las casas es una de las cosas más peligrosas que hace la televisión, porque eso hay que hacerlo con cuidado. En este sentido, Cuéntame es una serie que parte de una idea muy original que se trata con mucho cuidado y se ha convertido en un éxito. Es la historia de una familia, los Alcántara, a lo largo de distintos años y con la historia política de España como fondo.