Antes de que comenzara la Transición el periodismo de ‘cotilleo’ comenzó a tomar cuerpo de una manera amable. Las crónicas rosas o las columnas en revistas semanales nunca eran agresivas con los personajes. Jorge Fiestas reinaba en la noche madrileña desde el viejo Oliver, cuya propiedad compartía con Marsillach. Aquel era uno de los puntos de reunión de los famosos, los nacionales y los que pasaban por Madrid. Había un triángulo imprescindible formado por Casa Gades, Oliver y la ‘boite’ Bocaccio. Los tres establecimientos estaban muy próximos entre sí y eran habituales los cortejos de caras conocidas de uno a otro. La noche culminaba en Bocaccio. Jorge Fiestas publicaba en Fotogramas y aleccionaba a un juvenil Carlos Ferrando. Agustín Trialasos se inventaba secciones para su revista, cada cual más delirante o surrealista. Los que tenemos una cierta edad nos regocijábamos con sus ‘Famosas en la intimidad’. Todo el panorama cinematográfico abrió las puertas de su casas para enseñárnoslas, casi siempre con muy poca ropa. ¡Cómo nos íbamos a olvidar de la complicidad del maestro fotógrafo Antonio Cuenca en toda sus secciones! La censura seguía con su zarpa férrea. En esa décadas sesenta, setenta y ochenta, los periodistas y fotógrafos de lo que se ha llamado ‘revistas del corazón’ eran amigos y cómplices de los famosos. Paco Umbral se sumó a la moda con un toque de vanguardia e intelectualidad porque publica en medios ‘serios’ su ‘Spleen de Madrid’.
Agustín siempre estuvo presto a promocionar a jóvenes promesas o a refrescar a estrellas que comenzaban a languidecer. Eran periodistas amigos, enamorados del cine y del teatro, con una cultura muy apreciable. En esa escuela aprendió también Mariñas antes de que se viera impulsado a seguir el desmadre general en ese sector. La aparición de la revista ‘Sal y pimienta’ comenzó a envenenar la relación prensa rosa-famosos. Más tarde aparecieron los programas de televisión, cada vez más agresivos. ¡Qué lejos queda aquella Casa de los Martínez que Romano Villalba abría cada semana en TVE1! Allí llegaban los triunfadores, cantaban y glosaban sus éxitos, nos contaban sus amores (algunos tan ficticios como los actuales) y se llevaban las llaves de la casa que le entregaban Julita Martínez y Carlos Muñoz, divertidamente secundados por las chachas Rafaela Aparicio y Florinda Chico.
Agustín Trialasos, que se vino a Madrid desde su Villanueva de la Vera, quiso ser actor, pero se convirtió en el confidente de las estrellas. El periodismo que él hizo ya no existe. Hace un año puede hacerle una última foto en la presentación de las memorias de Valentín Paredes quien, como María Kosti, permanece unido al nombre del periodista. Sus restos serán incinerados en el cementerio de La Almudena.