Gran parte de las esperanzas para encontrar un biomarcador temprano del Alzheimer están depositadas en las técnicas de neuroimagen, ya que de esta manera es posible estudiar los cambios que se producen en el cerebro de las personas que padecen la enfermedad. Una de esas técnicas es la magnetoencefalografía (MEG), capaz de medir con mucha precisión los campos magnéticos producidos por la actividad neuronal del cerebro. En el año 2000 se instaló en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, el primer sistema MEG de España. Desde el principio, la enfermedad de Alzheimer se convirtió en uno de las principales líneas de investigación y ha continuado siéndolo en el Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional (LNCyC).
Tras analizar la población registrada en Madrid, se determinó que los pacientes con deterioro cognitivo leve, en comparación con los ancianos sanos, tenían una disminución de las comunicaciones entre las regiones frontales y parietal, así como entre ambos hemisferios cerebrales. Los resultados obtenidos demostraron que mediante esta técnica era posible clasificar como ancianos sanos o con deterioro cognitivo leve, con un 82 por ciento de precisión.
Los investigadores recuerdan que, con el incremento de la esperanza de vida, ha aumentado notablemente el número de personas afectadas por enfermedades neurodegenerativas asociadas a la edad. De todas ellas, la más común es la enfermedad de Alzheimer y, hoy en día, se estima que alrededor de 26 millones de personas en el mundo se encuentran afectadas por ella.