Opinión

Carmena juega con fuego

Fernando González | Viernes 27 de mayo de 2016

El Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid continúa vendiendo bagatelas y mandangas al paciente vecindario de la Capital. Aquellos que repasan la calidad de lo expuesto en el tenderete municipal comprueban que la mayoría de los productos ofertados no sirven para nada. Consumado ya un año de gestión municipal, las ocurrencias de Carmena se acumulan en el almacén de las proclamas inútiles.

En nada quedó, como era previsible, la idea de convertir a las madres paradas en limpiadoras de las aulas donde van sus hijos, tampoco la presunción de reglamentar que los jóvenes practicantes del botellón se ocupen de recoger y tirar los desechos que dejan abandonados, ni la fina agudeza de implicar a la chavalería en la recogida de colillas callejeras para escarnio de los fumadores incívicos, o aquella otra de enrolar en batallones de barrenderos a los propietarios de perros que no retiran las cacas de sus mascotas.

Quiero felicitar a Manuela Carmena, y no vean ustedes retranca alguna en la alabanza, por las campañas de salud pública y concienciación ciudadana que promueve y publicita, pero yo le pediría a nuestra Alcaldesa que afronte los problemas reales de Madrid con claridad y consenso político. Hace algunos años, los terrenos colindantes con el Fondo Sur del Estadio Bernabéu que eran de uso deportivo, como toda la superficie que ocupa el complejo madridista, se convirtieron en otra cosa. Allí se levantó una superficie comercial de tiendas y restaurantes que se conoce en la actualidad como “La Esquina del Bernabéu”.

Ahora se derribará el tingladillo comercial y se levantará en su lugar un hotel. Florentino Pérez tendrá, finalmente, el juguete que tanto deseaba. Pretendió edificarlo en el Paseo de la Castellana, pegado a la fachada principal del Bernabéu, en las parcelas que entonces servían de aparcamiento público, pero las organizaciones ecologistas y los tribunales tumbaron el proyecto. El acuerdo con el Ayuntamiento de “Ahora Madrid”, inexplicable e indefendible para mí, ha resuelto el contencioso.

Lo que es posible en un rincón concreto de Madrid no es viable en toda una barriada. Madrid no puede crecer ni por el norte ni por el oeste. La ampliación de la ciudad por la Carretera de Extremadura se ha frustrado muchas veces. Las diversas “Operaciones Campamento” han sido un fiasco, incluso las que se diseñaron en la época del Presidente Leguina, ideadas para combinar la construcción de viviendas sociales con la plantación de parques forestales y zonas de esparcimiento. Ahí siguen los cuarteles militares abandonados y en ruinas, como si fueran restos de una guerra, inservibles y fantasmagóricos.

Otro tanto ocurre en los límites norteños de Madrid. Un embrollo de vías férreas y barracones industriales impide la prolongación de la Castellana y el desarrollo urbano de ese magnífico entorno. Después de más de veinte años de negociaciones interminables, se alumbró un acuerdo que permitía colonizar el lugar y financiar una obra tan costosa. En el pacto participaron el Gobierno de la Nación, la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento y un Consorcio de inversores privados. Carmena pretende ahora reducir en más de dos tercios las viviendas que allí se podrían construir y limitar el número de edificios comerciales y mercantiles. A los inversores no les salen las cuentas y las instituciones no tienen dinero para sufragar un futurible tan formidable.

Ese plan de expansión puede irse al garete y por el camino quedarán decenas de miles de puestos de trabajo y una inversión multimillonaria. Espero que Carmena encuentre el punto intermedio donde se resuelven los conflictos. Tiene, como vemos, demasiados asuntos pendientes entre las manos, muchos de ellos transcendentales para el futuro de Madrid. Carmena no debe jugar con fuego.

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