“Para visitar Córdoba hay que entrar por el Puente Romano, del siglo I antes de Cristo, que también es conocido como el Puente de San Rafael, porque en mitad de él está el patrón de la ciudad y de ahí que muchos cordobeses se llamen Rafael.
Una vez atravesado sus dieciséis arcos nos encontramos con el Puente de Almodóvar, que es mío pero lo cedo gustosamente a esta ciudad. Pasado esté, a la derecha vemos La Mezquita Catedral, el monumento musulmán más famoso, con el patio porticado y la sala de oración.
El Alcázar de los Reyes Católicos que fue reconstruido por Alfonso X El Sabio. Su Sinagoga que es una de las más grandes de la época, con una yesería bellísima y la Plaza del Pórtico para recordar a Cervantes. Córdoba también cuenta con dos museos muy importantes, el de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres.
Y en su gastronomía hay muchas reminiscencias judías y árabes. Está el salmorejo, los boquerones en vinagre, el flamenquín, el rabo de toro y en los postres, los alfajores, pestiños y el pastel cordobés”