Opinión

Ofertas de cohetería

Ángel del Río | Martes 01 de diciembre de 2015

Ya hemos entrado de lleno en la campaña navideña y nuestros buzones se indigestan de propaganda comercial; no les cabe en la panza tanta octavilla, folleto, tríptico y cuaderno con ofertas de la más variadas. Entre ese amasijo de papeles publicitarios, se nos cuelan los quedespachan artículos pirotécnicos, explosivos en lotes, gangas con atractivos reclamos. Uno de los que encuentro en mi buzón tiene formato de tabloide; es un llamativo reclamo de propaganda comercial, que en su primera página anuncia la oferta de 12 artículos, “hasta el día 12 del 12, con un 60 por ciento de descuento directo”. He aquí algunos de los productos pirotécnicos que sepresentan: “Trueno con mecha de seguridad resistente al agua, que realiza una explosión de impresionante intensidad”; “Silba Boom, realiza una fuente verde con un intenso silbido y finaliza con una explosión de gran intensidad”; de parecidas características y efectos está “Gran Fuente Blanca”; la batería “Islas Galápagos, diez disparos con cola color blanco que finaliza su recorrido con una explosión”; “Mega Traca, produce una sucesión de 250 estallidos de mediana intensidad”; “Surtido Glamour, colección de cohetes de gran calidad”; “Candela 10 Bolas, lanza bolas doradas con estallido final”, y así hasta completar un amplio surtido, que es aún más amplio y variado endiversa cohetería publicitada a través de bozoneo. En algunos catálogos se especifica que no se despacharán más de 20 kilos brutos de productos por persona, aunque en otros no se pone tasa. En ninguno de los folletos se advierte que esté prohibida la venta a menores, ni se advierte del peligro de un mal manejo.

Estamos ante el fenómeno anual de la venta de cohetería y piroténica en general durante las Navidades, porque las explosiones han sustituido al sonido añejo de la pandereta y la zambomba. Este frenesí, hace necesario controlar la venta de estos productos, sobre todo, por la peligrosa utilización que de ellos puedan hacer los menores, fascinados quizá por esa atractiva publicidad que, silenciosamente, se cuela en nuestros buzones y que después estalla en la calle, en nuestros portales, a veces, al paso tranquilo de peatón.