Jaime Cedrún | Martes 24 de noviembre de 2015
En vísperas de una jornada sobre la Cultura y la Comunicación para la igualdad, releo la Constitución del 78 y en concreto su artículo 20, que entre otras cuestiones protege el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.
Pues bien, cualquiera de los habitantes de este país puede perfectamente afirmar que la información veraz brilla por su ausencia y que lo más habitual son silencios y ocultamientos de las informaciones que generan los distintos actores sociales cuando manifiestan una posición crítica o grandes manipulaciones para satanizar y linchar a esos mismos actores.
Navegando por la red es fácil encontrarse con textos de conocidos periodista que incluyen expresiones de este tenor: “Las multinacionales de la comunicación, los grandes consorcios multimedia se han convertido en el verdadero enemigo del auténtico periodismo. Cuanto más dinero, menos independencia. Cuantos más medios, menos rigor.” O esta otra: “Los impresores de noticias se han dado cuenta de que su negocio se agota. Quizá por eso miran al multimedia como la esperanza de salvación. Se entregan a los intereses publicitarios como la única posibilidad de sobrevivir. Compadrean con los poderes políticos con la esperanza de recibir dádivas, en forma de licencias televisivas o de radio, o de publicidad institucional, para capear el temporal que se avecina”.
Afirmaciones que confirman informes como el reciente de Freedom House que denuncian la pérdida de libertad en España: “La independencia de los periodistas españoles ha disminuido de manera suave, pero constante en la última década, hasta colocarse al nivel de naciones como Ghana, Surinam o Islas Salomón. Además, estamos a punto de dejar de ser un “país libre” para pasar a ser un “país parcialmente libre”. Y esto sin haber entrado en vigor con toda su fuerza la Ley Mordaza.
También afirma el artículo 20 de la Constitución que la Ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.
Si nos fijamos en cualquiera de nuestros medios de comunicación públicos, constataremos la ausencia de las organizaciones sociales y muy especialmente, de los sindicatos, cuando no se trata de campañas de linchamiento ante las movilizaciones convocadas contra las políticas de austeridad y las privatizaciones o las manipulaciones y sobredimensionamientos de los escasos errores o malas prácticas cometidos por alguno de nuestros afiliados o estructuras.
Se puede coincidir, salvando la diferencia de países y situaciones, con la afirmación de Owen Jones: “Hablando en términos generales, no tenemos unos medios de comunicación libres. No es que nuestros medios estén controlados por el Gobierno, no somos Corea del Norte, pero sí están controlados por un grupo muy pequeño de magnates billonarios que defienden sus propios intereses y fijan el marco del debate político aceptado en Gran Bretaña. A pesar de que la mayoría de las personas quiere la nacionalización de la red ferroviaria, aumentar los impuestos de los más ricos, más derechos laborales, aumentar el salario mínimo..., ningún periódico convencional apoya esas medidas. Es ridículo. Y cualquiera que se enfrente al consenso establecido debe ser ignorado. Si ven algo que les amenaza ligeramente, tienen que pararlo. Aquellos que presentan una alternativa o les desafía de alguna manera son destruidos”.
Y a todo ello, cabe señalar las nuevas dificultades que el extremado incremento de la desigualdad y la fuerza y extensión de la pobreza suponen para la libre creación y producción artística, literaria y científica, que contempla asimismo el artículo 20 de la Carta Magna. Sencillamente es una posibilidad que esta negada para la mayoría de la clase trabajadora.
Sin embargo, se ha abierto una esperanza con las redes sociales, que están contribuyendo a dar luz a la oscuridad y vida a las ideas y el pensamiento crítico que quieren ningunear.
Jaime Cedrún López.
Secretario General de CCOO de Madrid.
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