Los conductores reconocen las carreras de automóviles como banco de pruebas definitivo para la evolución de cada uno de los elementos que posteriormente se incorporan a los vehículos de calle.
Esto se aplica especialmente a los tres Porsche 919 Hybrid que están compitiendo en la máxima categoría del WEC, la clase Le Mans Prototipos. Sin embargo, los dos Porsche 911 RSR del equipo oficial de GT también sirven como laboratorios sobre ruedas para los futuros vehículos de producción. "Ambos coches de carreras son ejemplos perfectos de lo que llamamos Porsche Intelligent Performance (Prestaciones Inteligentes de Porsche)", comenta Hatz. Las primeras letras de estas tres palabras también adornan los cinco coches oficiales que competirán en Le Mans.
En la temporada 2014 entró en vigor un reglamento para la categoría LMP1 muy avanzado tecnológicamente, que limitaba la cantidad de energía que los coches oficiales pueden utilizar en cada vuelta. Además, todos los fabricantes deben utilizar al menos un sistema híbrido. Sin embargo, la normativa no especifica el tipo de sistema híbrido, ni el método para almacenar la energía recuperada, ni el diseño del motor, ni la cilindrada, ni el concepto de transmisión de potencia. Así, a los ingenieros se les da una gran libertad creativa.
En cualquier caso, todas las soluciones están sujetas al principio básico que hay detrás de esta reglamentación, que consiste en que cuanta más energía del sistema de recuperación se utiliza, menos combustible puede ser quemado. Fue este revolucionario concepto el que llevó a Porsche a regresar al mundo de la competición automovilística al máximo nivel. "Y esto es un deporte de verdad", añade Hatz. "A pesar de que los cuatro fabricantes involucrados en la categoría LMP1 utilizan cada uno de ellos conceptos completamente diferentes, sólo unos pocos segundos separan al ganador de sus perseguidores tras seis horas de carrera".