El Partido Popular gana las elecciones y pierde el poder en las instituciones. Los populares se enfrentan a su triste realidad de que, o ganan por mayoría absoluta, o gobernar se les hace prácticamente imposible, porque no tienen aliados naturales, mientras la izquierda, sí puede unirse en pactos postelectorales para impedir gobiernos de derechas.
La izquierda en su conjunto llevó la campaña electoral al terreno que más le convenía para erosionar al PP, al terreno de la corrupción, un fenómeno que en Andalucía le dio la victoria al PSOE y que en Madrid le ha supuesto la derrota a los populares, lo que demuestra que el pueblo soberano es capaz de castigar o permitir la corrupción, según en el territorio en el que se produzca.
Aguirre ha ganado las elecciones en el Ayuntamiento de Madrid, pero ni con el apoyo de Ciudadanos podría ser alcaldesa. Lo más probable es que lo sea Manuela Carmena, si el PSOE del derrotado Carmona, apoya su investidura. La izquierda de Podemos, puede que renuncie a sus principios y que negocie recibir el apoyo de la casta para poder gobernar. En la Asamblea de Madrid, es Ciudadanos quien decide si el presidente de la Comunidad es Cristina Cifuentes, ganadora clara de las elecciones, o Ángel Gabilondo.
El PP ha perdido la mayoría absoluta que tenía en ayuntamientos como Móstoles, Alcorcón, Alcobendas, Pinto, Aranjuez, Valdemoro y muchos más, y en todos ellos tendrá difícil sacar alcalde, porque, insisto, la falta de aliados naturales, les deja a los pies de los caballos.
Llega la hora de retratarse cada uno, y todos tienen unos cuantos meses, hasta las generales, para dejar claro quienes son, tanto en los gobiernos como en la oposición, y apuesto que habrá cambios en las actitudes, los pensamientos, las posturas, incluso las conciencias.
El PP ha vuelto a probar la hiel de la miel de la victoria. Pierde, pese a haber ganado.