El gran cambio de este siglo está siendo la manera en que nos comunicamos las personas y el papel protagonista que nos otorga esta nueva era digital. La capacidad de estar informados de forma global y de transmitir nuestras ideas o experiencias a través de la red es una revolución tan importante para la sociedad que yo diría que es equivalente a la revolución industrial del siglo XIX.
Este cambio social que estamos viviendo y del que podemos ser protagonistas nos afecta a todos, ya sea como individuos o como instituciones colectivas: afecta a un restaurante que tiene que comercializarse por internet y entender los comentarios que recibe de sus servicios, o al Ayuntamiento o a la Comunidad de Madrid, cuya promoción turística debe buscar canales diferentes de los que hasta ahora utilizaban para dar a conocer Madrid. Nuestra nueva era también nos ha traído otros avances. La facilidad para el transporte de personas también es otro motor del turismo que nos invita a descubrir otros lugares. Todos ellos generan oportunidades para Madrid.
Estos avances globales deben ir acompañados de mejoras en el ámbito del producto. Madrid sin duda ha avanzado mucho en su oferta en los últimos años. La gastronomía ha sabido adaptarse para servir a un nuevo cliente mucho más exigente en calidad y en precio. Un ejemplo es que Madrid ofrece hoy cuarenta y seis tipos de cocinas de países diferentes, muy por encima de Barcelona. Las empresas han hecho también reformas en sus locales y, para poder competir, comercializan sus productos a través de internet. Lo mismo ocurre con la hotelería o la oferta cultural, que hacen que en Madrid podamos vivir una grata experiencia.
En otros aspectos, sin embargo, hemos retrocedido. Madrid ya no es una de las grandes ciudades europeas referente por su oferta de ocio nocturno. Las barreras normativas siguen ahogando el desarrollo del sector, ya sea por pegas urbanísticas o medioambientales, que frenan el desarrollo de nuevos productos innovadores. La catalogación de actividades es decimonónica, los horarios de actividad para atender al cliente están limitados y la fijación de los aforos por criterios administrativos es excesivamente restrictiva. Todo ello limita la rentabilidad de muchos locales y no promueve la renovación del sector.
En los últimos años también se echa de menos un trabajo estratégico necesario a largo plazo, esencial para que dé sus frutos. Se echa de menos una coordinación de recursos entre las diferentes administraciones y una profesionalización de la gestión turística.
La cuestión es si hoy Madrid puede estar dormida o tiene que echar a correr. Necesitamos que las administraciones, junto con el propio sector empresarial, vayan por delante de la sociedad, comercialicen bien y sepan crear las condiciones que permitan desarrollar el mercado para que las empresas puedan ofrecer productos atractivos para el turista. En esta nueva sociedad, el turismo se ha convertido en una compra de impulso al alcance de la mano, en nuestro móvil. Para aprovecharlo, Madrid solo tiene que pensar diferente.
Tomás Gutiérrez
Presidente de la
Asociación Empresarial de Hostelería de la Comunidad de Madrid