La frase tié tela y no es raro que por haberla pronunciado le hayan caído a Rivera chuzos de punta. Quienes viven en Andalucía ?nada menos que Andalucía, por Dios, ¡la región de España por la que más orgullo podemos sentir todos los españoles!?, están ya bastante hartos de tener que soportar los insultos que por ignorancia vierten sobre ella los políticos conservadores, ya sea de la vieja o de la nueva derecha. A Rivera lo han tildado de soberbio, de faltón y de grosero, y hasta han vinculado su supremacismo a un supuesto racismo vergonzante...
Pues bien, yo creo que quienes esto dicen están siendo tremendamente injustos con el presidente de Ciutadans. Tachar a Albert Rivera de racista es andar muy errado, y no porque sus orígenes medio andaluces lo vacunen contra esa lacra (las filas de los partidos separatistas de Cataluña están repletas de hijos de andaluces que muestran sin rubor racismo hacia sus padres), sino porque su trayectoria política, siempre beligerante contra el nacionalismo, lo desmiente. Así que pueden estar tranquilos los andaluces, que el insulto soltado por Rivera no va con ellos.
Son los parados, los trabajadores con sueldos de miseria, los jornaleros en precario, los perceptores de subsidios... quienes deben sentirse ofendidos, porque el inconsciente insulto de la joven esperanza blanca de la nueva derecha va hacia ellos. Lo que revela la metáfora del antiguo militante del PP, hoy presidente de Ciutadans, es clasismo, no racismo. Aplicar el famoso proverbio chino para diagnosticar el problema que acosa a Andalucía es equivocarse de pleno. Supone hacer descansar la carga de la culpa en las víctimas.
Lo que me sorprende es que un hombre tan cool como él no se haya leído el libro de moda de Owen Jones sobre La demonización de la clase obrera. Tal vez esto le hubiera encendido la luz de alarma antes de desnudarse con este desliz. Cuenta Jones una frase muy famosa de un político de la época de Thatcher, esa mujer: «En los años treinta, cuando mi padre se quedó sin trabajo se subió a su bicicleta y salió a buscarlo». Así, «súbete a la bici» se convirtió en un cliché nacional. Cambien bicis por peces y ahí tienen a Albert Rivera.
Ramón Marcos, candidato de UPyD a la presidencia de la Comunidad de Madrid