Opinión

Halloween nos pasó por encima

Ángel del Río | Lunes 03 de noviembre de 2014

Este país nuestro, de charanga, pandereta, guitarra, maracas, tambores y castañuelas, anda siempre receptivo para incorporar a su calendario de fiestas, cualquier evento capaz de convertirse en tradición en pocos años, y formar parte de nuestras costumbres lúdicas enquistadas en el ocio general, a poder ser, de nocturno-madrugada. Ahí es donde recurrimos a nuestra idiosincrasia mediterránea, pero sólo cuando tiene que ver con la jarana, y en escasas ocasiones, con la cultura.

Me refiero a la celebración de Halloween, una fiesta típicamente americana, importada de Estados Unidos, y asumida en pocos años como nuestra, como si fuera unos sanfermines, unas fallas valencianas, una tomatina o una feria de abril sevillana. Y es que a la hora de añadir fechas al calendario de las celebraciones populares, no tenemos empacho en absorber como propio lo que nos viene de fuera. Hallowen se ha convertido en una de las noches más bulliciosas del año, superando en celebración y participación general a otras, y con visos de superar a la de Nochevieja-Año Nuevo. Fue desapareciendo la ancestral tradición de pedir puerta a puerta el aguinaldo, y ahora, cuando en la noche de Halloween alguien llama a tu puerta, no es un grupo de chavales que con panderetas y zambombas te cantan villancicos y piden el aguinaldo, sino una pandilla de zombis, muertos vivientes, cadáveres andantes, rostros ensangrentados, brazos sembrados de llagas y apostemas, sombras esqueléticas que te saludan con el : truco o trato. Y por mucho que trates de huir de esta estúpida moda, los zombis por un día, insisten e insisten, inasequibles al desaliento.

En una sociedad de consumo como en la que vivimos, y a pesar de la crisis, las modas no se instalan por que sí. Para eso está la propaganda. Se empieza en los colegios, animando y favoreciendo que los escolares se empapen de Halloween, con sus disfraces y trabajos manuales; se lleva hasta el hogar, y a partir de ese momento, comienza el lado interesado y comercial de la fiesta, con disfraces, objetos, gastronomía, celebración en los parques de atracciones y otros lugares de esparcimiento, hasta llegar a las fiestas en locales de ocio y la jarana callejera. Adiós a la tradición que por estas fechas nos traía a don Juan Tenorio. Éste llora en una esquina la ausencia de su doña Inés, que pálidamente maquillada, se ha unido a la fanfarria de Halloween.

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