Kilómetros y kilómetros de atascos en prácticamente todas las carreteras de la región, embotellamientos en las entradas a Madrid, y ya en la capital, el caos completo, los conductores al borde de un ataque de nervios, como para superar un test de estrés; no había humano conductor que pudiera superarlo esta mañana.
El núcleo duro de atascos: Atocha y aledaños, con sus cruces invadidos por los vehículos que se quedan parados al cierre de los semáforos y donde se impone la regulación a mano para evitar el caos. Y dentro de esta zona, el enlace con la calle de Alfonso XII. Impresionante tapón. ¿No había agentes de movilidad? Sí, los había. He podido avistar cuatro, exactamente, todos juntos, en la isleta de la gasolinera, frente a la otra isleta del monumento a las víctimas del 11-M. ¿Estaban en afanada labor de desenredar el enredo de vehículos atascados en este punto? Negativo. Permanecían en animada tertulia, cuyo tema no he podido captar, pero debía ser una charla interesante a espaldas del mogollón circulatorio que se verificaba en todo ese ámbito, como para abstraerse de tanta convulsión circulatoria.Estamos en lo de siempre. El personal se recupera de la crisis, empresas y particulares vuelven a sacar los coches a la calle. Da igual que sea primero o final de mes, y da igual que los agentes de movilidad formen grupos de cuatro, que el ahogo circulatorio en Madrid no lo remedia nadie.