Quizá por eso la aparición de los chicos de Orenga en la cancha para calentar desató una emocionante ovación de un pabellón teñido de rojo que volvía a reencontrarse con el baloncesto. De hecho, con el mejor baloncesto posible del universo FIBA (todo lo que no es NBA). Pero no solo en el pabellón se ha dejado notar la dulce sensación del reencuentro. También en las calles. Pero sobre todo en los bares: donde, al menos en esta primera fase, se van a poner los mejores 'tapones'.
Porque si el baloncesto da, Granada devuelve en forma de 'terracita', caña y, como no, tapa. Por más que las organizaciones insistan con americanizar cada evento, que si 'fan zones', 'street basket' o animadores gritones por todas partes, en Granada es difícil competir con sus clásicas zonas de tapeo: la calle Navas, Plaza Nueva, Elvira... Desde el viernes, no ha habido bar en el que no se haya dejado sentir el Mundial.
Y es que parece estar todo preparado para que el fin de semana en Granada sea una fiesta, dos partidos cómodos para abrir boca y alegría en todas las caras. Ya vendrá el lunes con las rebajas, que tienen nombres propios: Brasil, Francia y Serbia. Si estos no se atragantan, vendrá Madrid, donde ya no ponen tapas.
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