Madrid

Tres verdades sobre la Economía Colaborativa

MDO | Lunes 28 de julio de 2014
La economía colaborativa viene pisando fuerte y parece que aún a pesar de todas las polémicas legales en los diferentes sectores, también dispuesta a quedarse.

Sus orígenes no están del todo claros, para algunos surgió como una evolución natural de la sociedad y las nuevas tecnologías, para otros como fruto de la crisis económica y hay quienes afirman que se debe a un cierto espíritu "hippy" que acompaña a la generación del siglo XXI. Fuere como fuere, es ya una realidad y además cada vez más lucrativa para las empresas intermediarias.

Los abanderados de esta nueva economía afirman que su éxito puede resumirse en una serie de supuestos. Pero... ¿son ciertos o pueden desmontarse?

"Los consumidores prefieren compartir antes que poseer. Es mejor para el planeta y el aprovechamiento de recursos apuesta por un futuro sostenible". - Aunque esto suene muy bien y haga de los que apuestan por el compartir gente muy "cool", lo cierto es que muchos de ellos lo hacen por motivos más racionales que éticos. El producto al que acceden gracias a este tipo de economía, les ofrece unos beneficios de conveniencia y libertad, además de un ahorro considerable en costes. Uno de los ejemplos más claros de esto, es el compartir coche. Se calcula que invertir en un coche y mantenerlo en España, supone un coste mensual que puede estar entre los 500 y 800 euros. Surgen así iniciativas como Bluemove, que introduce el concepto de "coche de barrio", permitiéndote compartir el coche con tus vecinos y reducir el coste mensual a entre 50 y 100 euros.

"La economía colaborativa se basa en la confianza y los consumidores valoran poder volver a creer en la bondad de las personas". - Es cierto que a veces parece que la humanidad se ha ido al traste y creer en que la gente puede ser buena nos hace sentir mejor, pero la confianza de la que hablamos en los modelos de economía colaborativa, es casi una obligación más que un deseo. Las empresas intermediarias hacen lo posible por reducir esta incertidumbre, con algoritmos y comentarios de otros usuarios que ayuden a reducir el riesgo. Las empresas deben establecer las reglas y definir su responsabilidad, pues lo cierto es que a la mínima que algo parece extraño, saltan las alarmas en la mente de los usuarios. Portales como Wimdu, dedicados a compartir casas, verifican las propiedades de los anfitriones como mínimo telefónicamente y muchas veces in situ. Además de contar con un seguro para cubrir los desperfectos en caso de daños.

"Los consumidores de la economía colaborativa se sienten parte de una comunidad y desarrollan mayor fidelidad a estas marcas que a las basadas en la propiedad". - Salvo algún grupo de usuarios muy comprometidos con la causa, la mayoría no se involucra demasiado y tampoco llega a identificarse con la empresa intermediaria. De hecho todo depende de la experiencia a corto plazo que obtengan. Las marcas tradicionales suelen ofrecer siempre los mismos resultados de una forma estable, sin embargo cuando compartes un viaje a través de portales como Blablacar, nunca sabes con quién te puedes topar, la primera vez puede ser un conductor estupendo que además te ofrezca buena conversación, pero la siguiente, puede que te topes con uno más temerario o que de la misma conversación que una planta.

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