Los proyectos consisten en la mejora de la red de riego y de las infraestructuras existentes y en el acondicionamiento de elementos vegetales.
Las intervenciones se consideran financieramente sostenibles porque no suponen un incremento en el presupuesto anual, producen una reducción de gastos cuantificable en las arcas municipales y tienen una vida útil de, al menos, cinco años.