Opinión

¿Y si gana la abstención?

Nino Olmeda | Viernes 23 de mayo de 2014

Algo tan normal como la celebración de debates electorales en los medios públicos y privados para conocer qué ofrecen los que quieren obtener un escaño en el Parlamento Europeo termina siendo algo extraordinario. Cuando por fin llegaron a nuestras pantallas de televisión las imágenes y voces de los dos representantes del bipartidismo que ha copado y ocupado casi todo el espacio político durante demasiado tiempo, lo primero que sentí es que parecen tan aburridos que animan a no animarme. Primero porque es difícil entender que sólo aparezcan dos visiones sobre una Europa que queremos diversa, colorida, plural, respetuosa, alegre y democrática. Más allá de que Cañete tuviese que recurrir a palabras soeces y machistas para intentar convencer a no sé quién de que Valenciano y el PSOE son el pasado negro y explicar que ellos son el futuro blanco y de esperanza que pintan en su propaganda, la verdad es que su debate encorsetado y absurdo anima a mirar hacia otro lado cuando hablan.

La televisión ofreció otro debate electoral en el que participaron seis representantes de partidos que ya tienen presencia en el Parlamento Europeo. Se convirtió en una sucesión de monólogos en los que Europa salió poco y nos cansamos de oír lo malos que son los unos y lo buenos que pueden ser los otros. Hablaron de muchas cosas de España y sus problemas y lo que les llevó al debate, qué Europa queremos, se quedó en un anuncio publicitario. El PSOE pide que no se vote al PP porque si gana perderán todos los españoles y el PP desea que se obvie la papeleta del PSOE porque si sacan más votos los socialistas que los populares, regresaremos al pasado y al caos. Eso dicen. IU pide ayuda para que el bipartidismo se transforme y la partitocracia se diluya para dar paso a la democracia. La coalición considera que PP y PSOE son lo mismo, excepto cuando IU pacta con alguno de ellos. De UPyD se sabe más de lo que le disgusta que lo que le gusta. Casi todos piden que no se vote al contrario y es posible que aparezcan nuevas siglas, en un lado y otro del arco ideológico, pero se ha insistido poco en la participación, en el nivel de asistencia a las mesas electorales que da o quita legitimidad a lo que uno dice representar.

Todos los participantes dan por hecho que la abstención se acercará al 60 por ciento y sus únicos cálculos son si les puede beneficiar o perjudicar que vaya más o menos gente a votar. La obligación de los candidatos es fomentar la participación y, también, poner un límite a su nivel de dignidad. No se han volcado en conseguir seguidores del evento, los comicios del 25-M, porque han estado centrados en que haya muchos que no voten al contrario con el objetivo de que sus seguidores sea más al reducirse el total de participantes. Me gustaría que el mayor número de votantes acuda a su colegio electoral el 25-M y después de ver el género, como en los mercados de barrio, metiese en el sobre la papeleta de su elección y, si nada hay de su agrado, quedarse en blanco y dejar una papeleta de ese color. Eso haré yo, con el deseo de que levante el vuelo la izquierda de las ideas, los valores y los principios, no tanto la de las siglas de siempre con los líderes de siempre. Todos hablan de la importancia de la participación pero hacen poco para que aumente el interés de los ciudadanos por lo que hacen los que gestionan lo nuestro. Si más de la mitad de la población llamada a votar pasa de todo, algo habrán hecho mal los que nos convocan. ¿Qué pasaría si uno de los elegidos para sentarse en el Parlamento Europeo, al ver que la abstención ha ganado, renuncia a su escaño? Seguro que se provocaría una convulsión en la clase política y se pondría sobre el tapete algo que es preocupante. Si no pasa nada si el 60 por ciento se abstiene, por qué pasará cosa distinta si sólo el 10 por ciento de los llamados a participar acude a la cita. Nunca sabremos qué podría pasar porque no se conoce a nadie que haya planteado recoger o no su acta parlamentaria dependiendo del eco del 25-M entre los españoles.

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