Ely del Valle | Martes 16 de octubre de 2007
Ni cámaras ni alarmas ni rejas; los vecinos de Las Tablas y Sanchinarro están hasta el tupé de recibir la visita de los cacos con más frecuencia que la del cartero.
El problema es el de siempre: hay más vocaciones para ejercer la delincuencia que para patrullar las calles, entre otras cosas porque a nadie se le escapa que el mangoneo de la propiedad privada sale muy rentable a tenor del castigo que impone nuestro Código Penal y que suele ser el equivalente a medio litro de agua de borrajas.
De esto saben mucho los taxistas que son uno de los gremios curtidos ante el atraco a mano armada ( ya sea por pistola, navaja o jeringuilla) y curados de espanto ante la poca capacidad de maniobra del llamado Estado de Derecho en estos casos.
Hace un par de días me comentaba uno de ellos que la última innovación en el robo de vehículos se la debemos a un imaginativo grupo de rumanos que, aprovechando los semáforos en rojo, se han especializado en introducir una rata - viva, por supuesto - por las ventanillas entreabiertas de los coches. Evidentemente, la reacción de cualquiera es abrir la puerta y salir escopetado con los pelos del cogote erizados como piolets , momento que aprovechan los dueños del simpático animalito, para cambiar nuestra condición de conductores por la de peatones, birlándonos el vehículo.
Hay que reconocer que el método es de nota, vamos, "Y no pasa nada, oiga. Y encima, cuando uno de estos va por casualidad a la cárcel, los que lo mantenemos a pan y manteles somos los ciudadanos con nuestros impuestos" me decía indignado " Si a los pocos chorizos que pasan por un centro penitenciario, el juez les obligara además a pagarse la estancia y la comida, en vez de gastarnos el dinero en mantener a estos prendas podríamos utilizarlo en pagar a más policías". Pura filosofía popular.
La pena que tengo es no haberle preguntado el nombre a este buen hombre, porque estoy convencida que más de uno daría un trozo de bazo porque Mercedes Gallizo, directora de instituciones penitenciarias, lo contratase como asesor de cabecera; a lo mejor así, nos iba cantando otro gallo...
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