Opinión

Copiar del natural

Pedro Montoliú | Lunes 15 de octubre de 2007

Corría el año 1994 y con mi familia recorría una vez más Londres cuando al llegar a la catedral de San Pablo vimos un gentío en torno a este imponente edificio. Cuando nos acercamos contemplamos un espectáculo único. La capital inglesa se había retrotraido a finales del siglo XVIII y allí en la entrada a la catedral se encontraba nada más y nada menos que el rey Jorge III rodeado de toda su corte, su guardia real, y el pueblo que llenaba las escalinatas. No es que hubiéramos sido abducidos en el tiempo sino que estábamos ante el rodaje de una película que se estrenaría a comienzos de 1995 con el nombre de "La locura del rey Jorge". No pudimos eentrar ese día en la catedral pero no importó. Llevábamos en la cámara y en nuestra retinas el esplendor de una época.

Madrid ha cambiado mucho pero eso no significa que no puedan encontrarse, como en Londres, edificios y escenarios que se han mantenido tal como estaban hace dos siglos. Muchas calles y plazas del Madrid de los Austrias conservan ese viejo sabor que tanto encanta a propios y extraños. Sin embargo, ello no parece haber sido valorado por los responsables de la película "El Dos de Mayo" que con fondos de Telemadrid, aportados por la Comunidad, va a convertirse en la principal aportación regional a la histórica jornada.

El oscarizado Gil Parrondo ha hecho unos decorados tan fieles que casi podemos creer que estamos ante aquel histórico Arco de Cuchilleros que.... podemos ver a pocos metros de la calle Mayor. Un arco que, sustituyendo aquí y allí unos letreros y poniendo un falso firme, sería el mismo que ahora se ha reproducido con mimo y detalle. No se entiende. Sobre todo si se tiene en cuenta que la broma de la película va a costar 15 millones de euros, 2.500 millones de las antiguas pesetas.

Tampoco se entiende por qué si se utilizan otros escenarios reales como el palacio de Aranjuez no se puede aprovechar el potencial escénico de la capital cuando ello serviría para impulsar turísticamente la ciudad y para captar el interés de todos cuantos se acercaran al rodaje. Es como si para rodar una escena en el museo del Prado le encargaran a un grupo de artistas copiar los originales y a Rafel Moneo que reprodujera la sala principal. Me parece, sencillamente, un despropósito de nuevo rico y el desaprovechamiento de una oportunidad histórica

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