Opinión

La Torre del Jarama

Pepe Martínez | Miércoles 12 de febrero de 2014

La Torre del Jarama ha sido mi compañera durante los últimos 45 años, desde que el ruido de los coches de carreras se metió en mi cabeza. Hablo en primera persona sobre un icono que pertenece a los aficionados al automovilismo y a cuantos conductores acceden a la capital por la A1. No llegué a ver la inauguración oficial del circuito en 1967; todavía no tenia carnet, pero tardé poco en estar debidamente habilitado para conducir uno de los primeros 600 D que salieron al mercado.

Es fácil de adivinar el camino que tome el primer día que me puse al volante de mi incomparable maquina. Nada mejor para hacer el "rodaje" que ir directo al Jarama, a ver una carrera. Dudo ahora si era de motos con un Ángel Nieto pilotando en distintas categorías: 80cc, 125cc y con menos fortuna en 250cc; o lo que allí acontecía era el debut de la Fórmula 1430, con aquellos Selex, Etco, Lince, Hispakart, cuando me hice fan de Salvador Cañellas, que compartían meeting con la Copa TS, en la que me decanté enseguida por Jaime Sornosa, conocido entonces y ahora como Correcaminos.

No tardé mucho en formar parte de aquellas parrillas y con los años conocer, y en algunos casos inaugurar, otros circuitos no menos emblemáticos: Calafat, Jerez, Montmeló, Estoril, Paul Ricard, Nogaró, Monza, Spa, Varano, Silverstone, Kyalami, Magny Cours, Jacarepaguá etcétera. He disfrutado también de circuitos urbanos como Alcañiz y Toledo o tan exóticos como Avus, en Berlín. Cada uno con sus singularidades, todos interesantes, todos mágicos... pero ninguno como el Jarama, al que habré dado miles de vueltas, sobre la más estrecha y corta pista antigua, y el mejorado trazado actual.

En el Jarama he visto y "tocado" a los grandes de la F1: Jim Clark, Hill padre, Jackie Stewart, Fitipaldi, Lauda, Andretti, Villeneve padre, Prost..., para mí y para los de mi quinta, el Jarama y su historia es especial.

Por eso, la Torre del Jarama, a la que he tenido el privilegio de subir muchas veces, la que te da la bienvenida kilómetros antes de llegar al circuito, la que ha sido testigo de glorias y tragedias y que en esta última etapa del trazado madrileño ha cobijado mercadillos, rallyes, karts, ferias y festivales...; la Torre del Jarama, la que ahora ha visto como tiemblan sus pies, arañados con delicadeza por una retroexcavadora, será respetada y permanecerá vigilante mientras se cambia el paisaje racing que la rodea.

Una Torre que pide a gritos, igual que la cuidad de Madrid, que vuelvan las grandes carreras. Queremos Formula 1, queremos MotoGP, queremos los millones que dejan los miles de aficionados que acuden a las carreras, queremos volver a emocionarnos bajo la Torre del Jarama cuando, en 2021, el nuevo circuito sea una realidad.

TEMAS RELACIONADOS: