Opinión

¿Y ahora qué?

Pedro Montoliú
Pedro Montoliú | Sábado 07 de septiembre de 2013

No hemos ganado. Estaba persuadido de ello y así lo dije el pasado lunes en mi columna "No estamos todos". Me mostré muy seguro, aunque cuando lo escribía me quedara ese temor a que algo se torciera y la ilusión se diluyera como un azucarillo. Desafortunadamente ha sido así. Madrid ha repetido el resultado de las dos tentativas precedentes. Bueno, no ha repetido sino que ha quedado peor que en otras ocasiones ya que la ciudad ha sido la primera en ser eliminada.

Ahora habrá que estudiar qué se hace con esas macriinstalaciones que costaron una millonada y que los madrileños vimos acometer con una mezcla de escepticismo y orgullo -siempre nos ha gustado lo macro- pero que luego, a causa de la crisis, se quedaron marginadas y abandonadas. Si la decisión del COI en Buenos Aires hubiera sido favorable para Madrid, esos gigantes como el Madrid Arena o la Caja Mágica habrían salido por fin del sopor en el que viven. Todas estas instalaciones habrían cobrado finalmente su sentido y  la ciudad habría empezado a disfrutar verdaderamente de ellas ya que, solo en contadas ocasiones, han sido escenarios de acontecimientos deportivos e incluso alguna como el Madrid Arena ha quedado asociada, en la memoria colectiva, a la tragedia de la noche de Haloween.

Habría sido también una magnífica oportunidad para dejar, tras la celebración de los Juegos, un auténtico legado para el deporte base de la ciudad cuyos practicantes esperaban, en silencio, la decisión del COI para ver si así Madrid aumentaba sus inversiones.

Hemos perdido. Algo habremos hecho peor que los demás o algo tendrán mejor los demás que nosotros, que para el caso es lo mismo. Toca reflexionar, ser realista -no tendría sentido repetir cuando París se postula para 2024- y gestionar de forma más razonable ese 80 por ciento de instalaciones con las que contamos y de las que hemos presumido por activa y por pasiva. Debemos tener visión de futuro. Lo ocurrido con Madrid 2020 debe ser, sin duda, no el final de un proceso sino el principio de una nueva forma de pensar y hacer ciudad.

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