Opinión

Ipanema, en la sanidad pública

Nino Olmeda, columnista
Nino Olmeda | Lunes 02 de septiembre de 2013

Días antes de que una empresa privada se hiciera cargo de la gestión del hospital del Sureste, situado en Arganda del Rey, recorrí su servicio de urgencias, al que acudí tras una caída que me dejó dolorido el costado derecho. El personal se portó estupendamente. Unos estaban -aunque dentro de nada no lo estarán- contratados por la Consejería de Sanidad, entre ellos, médicos, enfermeras y demás personal sanitario. Otros, como los celadores, desde que nació este hospital están en la nómina de una empresa privada, que pone las condiciones a sus empleados que ya permite la nueva reforma laboral, es decir, más horas de trabajo y menos salario, y nada de protestar porque despedir es más sencillo y menos costoso que antes.

Los que me acompañaron a las salas de radiografías y recorrieron conmigo los pasillos hospitalarios me trataron con cariño y supieron ir a mi velocidad, paso a paso, lento pero firme por el dolor de mi costado. Me respondieron con su silencio cómplice a mis preguntas impertinentes sobre el trato que reciben de su empresa y sobre su opinión al respecto de que la mano privada caiga como una garra que busca dinero sobre el sistema público de salud. Los que ya están bajo el dominio de la empresa privada, que tiene como fin primordial ganar dinero y obtener beneficios, ya saben lo que es atenerse a una condiciones en las que prima la máxima de 'son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas'. Esto supone, si pones pegas, ser otro más de los cientos de miles de parados apuntados a las listas oficiales de desempleados. Los que son empleados públicos saben que si quieren ser trabajadores del nuevo hospital del Sureste, que está empapelado con carteles en defensa de la sanidad pública y en contra de la privatización de la gestión, tienen que acogerse a las nuevas condiciones de los nuevos patronos.

Dentro de unos meses podremos comprobar si los pacientes recibimos la misma atención que antes de que los señores del negocio hagan juegos malabares para obtener ganancias, cuando el patrón era la Consejería de Sanidad, que por cierto no tiene entre sus fines buscar el rendimiento económico del negocio sino la mejor calidad asistencial. Los médicos y demás personal sanitario, si deciden seguir trabajando en Arganda, deberán olvidar las condiciones de trabajo de antes y acogerse a los sueldos y horarios de los nuevos amos. Cuando ya me iba a mi domicilio, un empleado me preguntó por el trato recibido y le dije que estaba encantado de la asistencia recibida, del fuerte apoyo a la sanidad pública que percibí en muchos de ellos y de las recomendaciones de la facultativa, que me aconsejó ejercicios respiratorios hinchando globos y calmantes. Me susurró que había tenido suerte de estar con Ipanema, que es un barrio lujoso con magnífica playa de Rió de Janeiro. Me quedé pensativo y busque en Internet, donde conocí que el nombre Ipanema significa "aguas peligrosas, río sin peces" en tupí-guaraní. Me inquieté. ¿No querrá todo esto significar que estos hospitales públicos, cuya gestión será totalmente privada, en un par de semanas se convertirán en mares procelosos habitados por peligrosos animales marinos que se comen a los pacientes que no son rentables? Nada de nada, no estaba bajo los efectos tranquilizantes de algún fármaco contra el dolor, que según decía mi padre cuando estaba entre nosotros, es "un lenitivo acariciador". Todo es mucho más sencillo, la doctora que me atendió se llama Ipanema.

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