Siempre hay un sitio donde caerse muerto, aunque sea en la calle para los sin techo, aunque sea por una disputa entre menesterosos.
Mendigo sí come carne de mendigo. Ha ocurrido en la plaza de Luca de Tena, en pleno paseo de las Delicias, que se llamó de las Delicias del Río cuando era bucólico camino hacia la ribera del Manzanares. Apareció un indigente muerto, entre sábanas de cartón sobre colchón de cemento. Tenía evidentes síntomas de violencia. Desde el primer momento tuve la certeza de que el asesino de este desgraciado podía ser otro indigente, otro sin techo, porque la historia reciente de Madrid está llena de asesinatos de mendigos a manos de otros mendigos, compañeros de la miseria hasta la muerte.
Dos días después se confirmaron mis sospechas. Otro indigente es el presunto autor de la muerte del mendigo de la plaza de Luca de Tena. Le echó el guante la policía cuando estaba a punto de largarse a Rumanía. Para intentar pasar desapercibido, se había disfrazado de persona aseada, limpia y correctamente vestida. Lo que menos le interesaba era mantener su facha de pordiosero. Pero no escapó al olfato policial y fue detenido.
La gran mayoría de los mendigos que han muerto de forma violenta en la calle, lo son a manos de otros mendigos. La situación de estas personas hace que salte con frecuencia la agresividad y la violencia en muchas de ellas. La disputa por un brik de vino, por dos monesas, un cartón, una manta raída o el espacio en el zaguán, son detonantes suficientes para llegar hasta el homicidio. Incluso tienen su asesino en serie, un tal Francisco García Escalero, sin techo, indigente, que practicaba la necrofilia y el canibalismo. En 1996 le fueron probados los asesinatos de 11 personas. Esquizofrénico, alcohólico, fue internado en un hospital psiquiátrico. Pasó a la historia del crimen como el "matamendigos" o el "asesino de mendigos".
La calle es una selva donde entre los marginados, sin techo, indigentes y mendigos hay quienes comen carne de miseria.