Opinión

¿Quién custodia al custodio?

Nino Olmeda | Lunes 08 de octubre de 2007
Los nuevos avances tecnológicos ofrecen multitud de utilidades. La informática, Internet, la telefonía móvil y muchas otras herramientas que nos abren caminos impensables hace muy pocos años pueden ser usadas para buenos fines y también por elementos de carne y hueso con un concepto respecto a la libertad, sobre todo  a la de los demás, bastante particular, peculiar y obsesiva.

Vigilar todo y controlar a todos con la excusa de reducir la inseguridad ciudadana y adelantarse a las fechorías de los malos a través del seguimiento de todos. Esta parece ser la buena fe de los que nos sacan en sus videos para, una vez comprobado que no somos de los malos, borrar las imágenes.

Y la intimidad,  ¿dónde está? ¿Quién elige y fiscaliza al encargado de que nadie utilice ese material, supuestamente confidencial,  para incluirlo en el historial personal de cada uno,  por si, en algún momento determinado, puede sacar a alguien, con mando en plaza, de un lío, mediante el sistema poco ético y nada estético de meter por medio a un tercero por haber estado en el lugar menos oportuno y a la hora más inadecuada,  en el mismo momento en que enfocaba  el objetivo de la indiscreta cámara de vigilancia?

Lo hacen por nuestro bien y encima las leyes no dicen que sea malo hacer que todos participemos en el 'Gran Hermano Público'. El alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, que tiene emisora de vigilancia propia, con corresponsalías en cada uno de los edificios públicos municipales, ha tenido el detalle de colocar carteles informativos, supongo que a la entrada de los mismos, avisando a todo el que traspasa la línea de entrada que puede ser grabado. ¿Por qué no impulsa un debate de verdad sobre esta cuestión tan espinosa?

La red de videovigilancia se extenderá a la Plaza Mayor, donde habrá chivatas electrónicas para grabar a todos. Este trabajito visual será puesto a disposición del custudio de turno de nuestros derechos y garantías constitucionales. Luego se separará lo útil y  lo inútil de las tomas.

Por si hubiera alguna duda, la Comisión de Garantías de Videovigilancia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha dado el visto bueno a la instalación de otras tantas cámaras en el centro de Madrid, con algunos requisitos: limitar el  ángulo de acción de la lente para que no se pueda grabar en el interior de las viviendas y destruir las grabaciones en siete días, excepto aquellas que hayan dado lugar a una instrucción judicial, que quedarán a disposición del juzgado competente.

Éramos pocos y parió la abuela. También han entrado en este mercado de la intimidad unos vecinos que, por su cuenta y riesgo, graban a los que acuden a la calle Montera en busca de sexo pagado y, además, ofrecen, como en el Parque de Atracciones, la instantánea al concluir la visita.

En esta carrera por agradar al ciudadano con ideas y proyectos adelantados, el primer edil de mi pueblo, Rivas-Vaciamadrid, Pepe Masa, tiene casi en marcha un simpático sistema para acceder a las instalaciones deportivas. En vez de entregar el carné de usuario, sólo hay que dejar la huella digital en una maquina que te reconoce al instante. Por si alguien lo desconoce, la huella sabe todo de nosotros y de eso saben mucho los agentes policiales y de la Guardia Civil,  porque esa información que dan nuestros dedos les ha llevado, en algunas ocasiones, a tener datos, incluso,  del paradero de la mamá del niño italiano Marco, el que siempre iba con su mono Amedio.

Siempre que se ha optado por incrementar las medidas de seguridad para pillar a los malos se ha producido un retroceso en las libertades que han sufrido sobre todo los buenos, la gran mayoría de los ciudadanos. A mí me jode un montón que me graben sin mi permiso y mucho más que mis huellas puedan caer en las manos del algún majara con ansias indiscretas de saber más de lo que ley le permite, haciendo evidentemente un  mal uso de una  información sensible y protegida sobre cada persona.

Lo que se vende como un regalo para hacer más cómoda nuestra vida puede convertirse, si no protegemos la intimidad como un bien preciado, en un arma de doble filo y con muchos dientes de sierra. ¿Quién custodia al custodio?

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