Sara Medialdea | Miércoles 03 de octubre de 2007
Durante mucho tiempo, hubo quien consideró que la actividad pictórica sobre paredes, muros y puertas spray en mano era una manifestación artística. Ya se sabe, la rebeldía juvenil, etc, etc, etc. Lo cierto es que, amparados por una boba permisividad apoyada en un curioso sentido de la estética, se ha permitido, cuando no directamente fomentado, la realización de dibujos –por ser suave y buena gente- sobre toda aquella superficie, a poder ser blanca o de color claro, que se encontraba libre.
Gracias a esta actitud, ahora la capital cuenta con un millón y medio de metros cuadrados de vías públicas convenientemente decoradas por estos “artistas” tan modernos y pintureros. Que no sólo dejan su huella sobre muros y paredes, sino también sobre anuncios publicitarios, escaparates de comercios, estatuas, e incluso, según cuentan, en muchos convoyes del Metro, con manifiesta preferencia con los más nuevos, que en ocasiones “customizan” casi antes de que salgan de las cocheras.
La cosa ha llegado a tales extremos que hay zonas en que los comerciantes se han agrupado y, haciendo caso al tópico “si no puedes vencerles, únete a ellos”, han optado por contratar los servicios de estos diseñadores de nueva escuela para que acondicionen más o menos a gusto del propietario los cierres metálicos de los locales. La ventaja: en lugar de encontrarte cualquier mañana con un churro psicodélico en la puerta de su negocio, al menos pueden elegir el tema que inspire al “artista”. Eso sí, pagando.
En el Ayuntamiento de Madrid saben desde hace mucho que esto es un problema, y serio. Y caro: cada año pagamos los madrileños de nuestros impuestos nada menos que seis millones de euros –es decir, mil millones de pesetas, que suenan a más dinero- en eliminar los ornatos con que adornan tantas y tantas fachadas. Con el agravante de que todos sabemos –el alcalde, el señor encargado de limpiar la pared, nosotros que lo pagamos…- que nada más devolver a la pared su aspecto inmaculado, llegará una nueva horda de pintamonas con la intención de “redecorar” la city. Anuncia ahora elalcalde una nueva ordenanza de limpieza, en fase de elaboración, que perseguirá estas actuaciones e incrementará sensiblemente las multas para quien sea pillado in fraganti. Yo sugeriría también trabajos sociales para que descarguen tanta energía creadora en algo más útil.
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