Nino Olmeda | Miércoles 22 de agosto de 2007
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, quiere que la tensión necesaria para afrontar los retos que se le avecinan -en una etapa claramente marcada por los comicios de mayo en los que tantos se juegan tanto- no se rebaje por el calor del verano ni por las vacaciones de agosto. En su mensaje, claramente dirigido a los suyos, es decir a todos, recuerda que quiere ir en un lugar muy destacado en la lista que encabezará Mariano Rajoy, y que todo lo hace por el bien de todos.
Ya lo había dicho en otras ocasiones, consiguiendo réplicas y contrarréplicas de unos y otros que siempre ocuparon sitio relevante en la información de los medios de comunicación. Pero en esta ocasión ha llegado a lo más alto, apareciendo en las portadas de periódicos que habitualmente se identifican, con bastante naturalidad, con las posiciones de los dos grandes partidos que mantienen un bipartidismo casi perfecto, y obligando a sus editorialistas a reflexionar sobre lo dicho por el alcalde de la capital.
Gallardón, que nunca da puntada sin hilo, ya instalado en el Madrid de agosto y, después de percibir que había poco movimiento y que el sopor propio de esta época nos había cogido a todos menos a él, debió recordar, en momentos ociosos y de relax, imágenes familiares en las que se acudía, con trozos de pan y otros alimentos, a echar de comer a los patos del parque, durante su infancia o la de sus descendientes. Rememorar ‘qué buenos ratos pasamos echando de comer a los patos’ le indujo a repetir la experiencia, cambiando los nombres de los objetos y sujetos.
Este gran lago que es la actividad política está inundado de plumillas -¿de pato?- , que, junto a los verdaderos protagonistas -con los que a veces intercambian papeles-, tienen deseos y, a veces, posibilidad de influir. Gallardón, sabedor de cómo se vende el pescado informativo y de que hasta la fecha había poco género, se sentó frente al lago y lanzó al aire el pan recocido de sus ansias políticas. Los patos, encantados por tener algo que llevarse a la boca, degustaron la noticia y la convirtieron en la canción del verano. Hablaron todos, expusieron sus razones para opinar y al final estamos donde estábamos.
Las listas del PP, y las de sus amigos del PSOE, no se llenan siempre con los mejores porque el barómetro de la competencia lo regula el que gana. Es lógico que los mejores, entre los que sin duda está Gallardón, quieran estar. Como no se celebran elecciones internas en los partidos, sino que se producen designaciones y votaciones para ratificar decisiones, los que quieren entrar en las listas tienen que hacer méritos o demostrar lo que vale con, por ejemplo, elecciones ganadas. Gallardón se ha llevado una bronca de los suyos, y de los otros, pero también se ha ganado portadas de periódicos y minutos en radio y televisión que leen, oyen y ven muchos millones de españoles, que son precisamente a los que se dirige Gallardón, porque sabe que son su salvaguarda dentro del PP ante los ataque de los que le consideran imprudente, niño bonito y no sé cuántas cosas más.
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