MDO | Martes 21 de agosto de 2007
El almendro (Prunus amygdalus Basch) es un árbol originario de las montañas de Asia Central. El hecho de que su semilla sea comestible hizo que se extendiese por todas las civilizaciones primitivas. En concreto, se cree que fueron los fenicios los que introdujeron esta especie en España hace más de dos mil años. Aunque su uso principal es el alimentario, también es utilizado como árbol ornamental.
Si no se poda para facilitar su cultivo, el almendro puede llegar a medir 10 metros de altura. Su tronco es de color gris ceniza y presenta un aspecto agrietado, aunque cuando es joven todavía es liso al tacto y verde a la vista. Las hojas del almendro son alargadas y planas con bordes dentados. El momento de mayor esplendor de los almendros es durante la floración, que tiene lugar a finales del invierno, antes de que aparezcan las nuevas hojas. Es entonces cuando estos frutales desarrollan flores de cinco pétalos de color blanco o rosado.
La almendra, el fruto de este árbol, crece envuelta en una cápsula verde que se abre cuando madura y deja caer la almendra con una cobertura de hueso. Existen diversas variedades de árbol, pero la más apreciada a nivel mundial es la marcona, por la calidad de la almendra. El uso más extendido de este fruto es el alimentario, sobre todo en la repostería (turrones y otros dulces). Pero las empresas farmacéuticas y de cosméticos también lo usan por las propiedades de su aceite. Además, el almendro
está presente en muchos jardines de España por su valor ornamental.
El hábitat ideal para el almendro son las zonas cálidas a más de 600 metros de altura, con suelos arenosos, aunque sobrevive en condiciones complicadas y es muy resistente a la sequía. El frío es el principal enemigo de las almendras, pues las heladas cuando los almendros están en época floración pueden acabar con las cosechas, por lo que la disposición de la plantación resulta de gran importancia en las zonas de interior.