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De visita en la morada de los insectos

Carmen M. Gutiérrez | Martes 21 de agosto de 2007
La curiosidad de los niños no tiene fin, sobre todo si se trata de temas divertidos a los ojos de los más pequeños. Los trece chicos que participan en el campamento urbano ‘Fauna cara a cara’ no dejan de preguntar a los monitores sobre todo lo que les rodea, y si no terminan de entender alguna de las explicaciones, no dejan de oírse sus dudas hasta que al fin lo tienen claro. El monitor, Javier Romero, les explica que van a ver las interioridades de los insectos. “Interioridades, ¿y eso qué es? No lo pillo”, dice Alejandra, una de las niñas. “Es como si los bichos viesen tu casa por dentro”, le contesta Javier. “Ah, me parece que muchos ya lo han hecho”.

La visita al insectario es tan sólo una de las actividades programadas dentro del campamento ‘Fauna cara a cara’, que durante toda la semana tendrá a los trece chiquillos entretenidos, al menos de nueve a dos de la mañana. Pero el objetivo principal es que conozcan la naturaleza, como primer paso para que la puedan respetar. En concreto, conocerla de primera mano, cara a cara, de una manera más divertida y efectiva que a través de los libros de texto y las explicaciones de los profesores en clase.

Antes de entrar al insectario, hay que repasar la lección de la mañana. “¿Qué es un insecto?”, preguntan los monitores. “Es un bicho con seis patas”. Hasta ahí llegan todos los niños, pero acordarse de las partes en que se dividen ya es otro asunto. Una vez realizado el repaso, llega el momento de acceder al centro de divulgación de insectos. “¿Pican?”, pregunta una niña muy precavida antes de entrar.

La primera parada es en la “casa” del escarabajo capricornio, un tronco de árbol. Para que los niños puedan apreciar lo que sucede en su interior, el centro recrea el hábitat común de este escarabajo, así como el de otros insectos: el tronco tiene una tapa que al ser levantada deja ver las galerías que suele trazar esta especie tras un cristal. En ellas viven, se alimentan de la madera y se reproducen. Pero, inesperadamente la morada de estos escarabajos de largas antenas ha sufrido una invasión de hormigas.

“¿Qué animal vive también en los troncos?”, preguntan los monitores. Se oye responder que las lombrices y las termitas. Efectivamente, las termitas son el insecto con el comparten tronco los escarabajos en el centro de divulgación. “Las termitas nunca sufrirían una invasión por parte de otro insecto, porque tienen soldados”, asegura Javier, quien explica a los niños que en cada grupo también hay obreros y una reina. Durante el tiempo que duran las intervenciones de los monitores, los niños no pierden detalle del movimiento de termitas blancas tras el cristal que los separa de ellas.

La siguiente parada es una colmena donde se congregan centenares de abejas. Cuando la anuncia el monitor se oye una vocecita que pregunta “¿tienen aguijón?”. Claro que sí responde Javier, aunque tranquiliza a la niña diciéndole que no van a salir de su morada. Y así es. Durante la explicación sobre las abejas, ninguna escapa de la colmena, que tiene unas puertas metálicas para resguardarlas de la luz, si no reciben visita. Los niños apuntan todo cuanto saben de las abejas, a la par que los educadores les cuentan los secretos de estos insectos de dolorosa picadura. “Vi en la tele que igual no se mueren al picar por perder el aguijón, sino que es porque se dejan parte del hígado”, apuntilla Ruti, una de las niñas.   

Javier continúa con la exposición sobre las abejas, en la que les habla sobre el propóleo, un antibiótico natural, cada vez más demandado para frenar resfriados, que fabrican estos insectos, y sobre la estructura social de las colmenas. “Sólo la reina pone huevos para que se haya descendientes en la colmena”, asevera Javier. Inmediatamente se oye una reflexión en voz alta: “Pero la reina no tiene un hombre”. Con una sonrisa, el monitor dice que sí, que se aparean con los zánganos.

La colmena da para más. Cuando el monitor cuenta como sustituyen a la reina cuando enferma o muere, los niños no acaban de entender bien el proceso. Si está enferma, la reina pone los huevos en unas celdas especiales de las que saldrá la reina. Claro que a los niños no les queda claro que haya varios huevos y sólo pueda haber una reina. “¿Lo echan una suertes?”, pregunta una niña, a lo que el educador le responde que siempre hay una abeja que gana el puesto de reina, y que el resto vuela con los machos a formar otras colmenas.

La siguiente parada es el hormiguero, donde un corte transversal muestra los caminos por los que las hormigas se dirigen a sus refugios y despensas. Al contrario que las abejas, que son capaces de suceder a la reina, entre las hormigas cunde el pánico y mueren cuando pierden a su guía. “Morid por mí”, teatraliza una niña.

La última parada del insectario es la charca, que también puede verse lateralmente gracias a un cristal que hace de pared. El escarabajo zapatero, uno de los habitantes de la charca, centra la atención de los niños. Y no es para menos, ya que “respira por el culo”, especifica el monitor. Los chiquillos no dan crédito y hacen sus cavilaciones, algunas muy divertidas, al respecto.

Una semana repleta de actividades
La visita al insectario ya ha terminado, pero la mañana del lunes aún da para más: queda ir al centro de mariposas. Pero antes una parada para reponer fuerzas. Después de desayunar quedan algunos envoltorios de comida sobre la mesa. Algún niño no los ha tirado a la papelera y los monitores buscan al responsable para explicarle que no hay que ensuciar el campo. No obstante, también hay niños muy conscientes y si ven basura la recogen, aunque no sea suya, para llevarla a una papelera.

El respeto por el medio ambiente es el valor sobre el cual giran todas las actividades que organiza el Área de Medio Ambiente dentro de la ‘Escuela de Verano’. De manera gratuita, los niños, en ocasiones acompañados por sus padres, pueden participar en los cursos, talleres, campamentos e itinerarios que se realizan hasta finales de septiembre. Pero también se trata de fomentar el respeto por los compañeros y trabajar las habilidades sociales.

El campamento ‘Fauna cara a cara’ guardaba todavía muchas sorpresas para los niños, como la visita al centro de cría de ardillas, al de cigüeñas o al observatorio de aves. Todo ello aderezado con juegos y actividades divertidas a la vez que ecológicas, como hacer papel reciclado o montar en bicicleta. Ya el primer día, los niños estaban encantados. Miguel y Juanjo coinciden en que les gustan los “bichos” y que han tenido la oportunidad de ver muchos. Pero, además, aprecian otras cosas como “respirar aire puro”, tener alternativas para hacer en verano, conocer a gente nueva o la amabilidad de los monitores, que tienen una paciencia infinita, a la par de la curiosidad de los niños.