La sentencia considera probado que el 12 de abril del 2005 Jorge Fernando G.G. abordó a S.C.G. cuando transitaba por la calle Portillo de Alcalá de Henares, a la que exhibió una navaja y obligó a que le entregara todo el dinero que llevaba. La víctima, que el día de los hechos contaba con 22 años de edad y que se encontraba trabajando temporalmente en España, le dio 17 euros.
A continuación, el procesado le coaccionó a que sacara dinero de un cajero automático cercano, hecho que fue imposible de realizar porque la cuenta de la joven alemana carecía de saldo. En ese momento, Jorge Fernando G.G. obligó a la víctima a dirigirse hacia una zona apartada del aparcamiento público 'La Paloma', en donde la agredió sexualmente.
La víctima -continúa la sentencia- sufrió un trastorno de estrés postraumático y tuvo que someterse a la práctica de una serie de analíticas periódicas a fin de descartar un posible contagio de VIH, contribuyendo tal hecho a mantener el estado de ansiedad y el cuadro de depresión en el que se encontraba la joven". Los resultados de las analíticas descartaron cualquier tipo de contagio.
Durante el juicio celebrado el pasado 31 de octubre en la Audiencia madrileña, Jorge Fernando G.G. reconoció los hechos y aseguró que estaba "confundido" por los efectos de las drogas. Asimismo, manifestó que ese día salió a la calle "con la única intención de robar para poder comprar droga", y agregó que él también ha sufrido "abusos", por lo que juzgó lo que él cometió como "lo más deshonroso que se puede hacer a una persona". "Me di cuenta posteriormente de lo que había hecho", apostilló.
En ese mismo juicio, la joven alemana hizo hincapié en que tras la agresión tuvo que recibir tratamiento psicológico y le suministraron un fuerte medicamento para impedir que contrajera el VIH, virus del que era portador el agresor. También destacó que su vida ha cambiado ya que sufre pesadillas, no le gusta pasear sola por la calle y tiene temor a salir de noche.