Opinión

Los sueldos y el alcalde de Torrelodones

Nino Olmeda | Viernes 22 de junio de 2007
El alcalde de Torrelodones, el popular Carlos Galbeño, ha saltado a las primeras páginas de los periódicos, no por ganar las elecciones municipales, sino por subirse el sueldo un 30% nada más tomar posesión del cargo. Se ha puesto un salario anual de 91.445 euros, lo que ha provocado el mosqueo de muchos, entre ellos, los mismos que, parece ser, acordaron verbalmente hace años “dignificar” las retribuciones de los concejales de este municipio.

Muchos se  escandalizan por el hecho de que este señor gane más que los presidentes del Gobierno de España y de la Comunidad de Madrid, e incluso supere lo que se lleva el primer edil de la capital, en la que viven más de tres millones de personas. A mí lo que me llama la atención es que sea legal y que sus salarios los decidan entre ellos libremente. También,  que los que se suben el sueldo sin más medidas que sus desmedidas ambiciones aduzcan  ahora que todos habían  dado su palabra para apoyar que el alcalde de este pueblo con no más de 20.000 habitantes gane un euro más que el funcionario con más sueldo de España. Los partidos que reconocen que existía dicho acuerdo dicen ahora que nunca se firmó, lo que pone en evidencia su incontinencia verbal y que les avergüenza poner en un papel tamaña barbaridad. Es, además, un verdadero insulto a la inteligencia de los empleados públicos, cuyos salarios los deciden los responsables de las Administraciones Públicas correspondientes teniendo en cuenta  variables distintas que siempre recomiendan congelaciones o subidas minúsculas; y a los trabajadores en general, cuyas nóminas sienten el acoso del coste de la vida, y de unas hipotecas cada vez más caras, y casi no pueden respirar por el escaso crecimiento del dinero que se llevan por trabajar para otro.

Lo normal sería que el sueldo de los cargos públicos se decida de una vez por todas, siguiendo criterios de dedicación, población gobernada,  u otros de otro tipo, y no por el pleno de un Ayuntamiento, en el que siempre puede suceder que todos se alían para ganar más, sin más límites que la supuesta decencia política de cada uno. Una vez fijados los salarios de los concejales, diputados, alcaldes, presidentes regionales o de España, sus subidas estarían fijadas por los mismos que deciden que los funcionarios tienen que ganar tanto más y que los trabajadores en general no pueden incrementar sus retribuciones por encima de un tope marcado por las distintas patronales de cada sector.

¿Qué pensarán los trabajadores del Ayuntamiento de Torrelodones de un alcalde que se sube el sueldo más allá de lo recomendable para ellos?
¿Cómo pueden hablar de dignificar la vida política con incrementos descarados aquellos que impiden que los demás dignifiquemos nuestras vidas con subidas similares a las suyas? Lo mismo creen que no es lo mismo ser cargo público que vecino raso y que sus necesidades son distintas a las del resto de la sociedad. Si es así se equivocan porque el frutero, el tendero, el carnicero, el que nos vende la ropa y todo lo que necesitamos no tiene precios distintos dependiendo de la categoría del comprador, de si es albañil, médico, fontanero, barrendero, diputado, concejal o cuñado del padre del pintor de brocha gorda del barrio. Que no tengan tanto morro y que se apliquen las normas salariales que se imponen a los demás.

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