A primeros del mes de abril pasado, la fallecida ingresó en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid por recomendación de su psiquiatra y su psicólogo, tras haber observado la familia gestos "raros", como hablar sola, hablar por teléfono sin sujetar el aparato, comer sin tener nada en las manos e incluso acunar a un bebé.
Los médicos de A. Mateos recomendaron a los allegados de la fallecida que la ingresaran "inmediatamente, por estar muy mal", pero los facultativos del Gregorio Marañón dijeron "no observar ningún gesto por los cuales ingresó" y opinaron que todo se trataba de "un pulso" que estaba "echando a la familia", siempre según las declaraciones de ésta última.
Días después le dieron el alta, ante la sorpresa de sus familiares, con un antidepresivo y unas pastillas para dormir como tratamiento. Por temor a que pudiera autolesionarse o intentar suicidarse, los allegados de A. Mateos pidieron ayuda a la psiquiatra de la zona, que varió ligeramente su medicación, y comenzaron a buscar un centro ocupacional para ingresarla, aunque con resultado negativo por la falta de plazas.
Finalmente, y a pesar de la vigilancia familiar, el pasado 18 de mayo A. Mateos se arrojó por la ventana de su casa, a pesar de que su madre se encontraba en la vivienda en esos momentos. Por su parte, el Hospital Gregorio Marañón eludió hacer una declaración institucional por falta de información acerca de este caso.