"Un día me pusieron sobre la mesa tres cuestiones: por un lado, unos chavales del centro ocupacional que se iban a quedar sin plaza; por otro lado, teníamos que elaborar un censo de personas con minusvalías en la localidad, y por último, había que eliminar las barreras arquitectónicas -recuerda Juana López, psicóloga y técnico de la concejalía de Acción Social- y todas estas cuestiones confluyen en el proyecto urbanita".
La finalidad de este proyecto, en el que también colabora la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid, es "integrar social y laboralmente a las personas con discapacidad intelectual ligera o moderada", señala María Ángeles de Cabo, coordinadora del proyecto. Y para conseguirlo, primero tuvieron un periodo de formación, impartida por psicólogos de la universidad. Durante ese tiempo, el equivalente a un curso escolar, los doce urbanitas aprendieron a orientarse, a a familiarizarse con los elementos urbanos objeto de observación y se iniciaron en el conocimiento de la informática.
Una vez acabada la formación, fueron contratados a jornada parcial para vigilar las calles de la ciudad, trabajo por el que perciben el salario mínimo interprofesional. El próximo 30 de junio finaliza el convenio firmado por la concejalía y la Fundación, y con ello, el contrato de trabajo que tienen los chicos. Hasta entonces, los doce urbanitas siguen recorriendo todos días la localidad con el fin de hacer de Valdemoro un lugar más accesible. "Algunas partes de Valdemoro han mejorado gracias a nuestro trabajo", asegura Jorge Folgueiras, uno de los urbanitas.
En Valdemoro son ya de sobra conocidos por la labor que realizan, y a menudo los vecinos les hacen sugerencias o peticiones. "Cuando no estoy trabajando, muchas veces los vecinos me dicen: ¿has visto que esto está mal? Y yo les digo que no estoy en mi jornada laboral, que me lo digan mañana", afirma con una sonrisa en la cara Iván del Prado, otro de los urbanitas.