José Miguel Utande es un artista que huye de gurús y disciplinas. Un creador en busca de la esencia de las cosas que mantiene la única intención de convertir sus ideas en materia.
En esta ocasión, para las esculturas de los galardones que reparte cada año Madridiario ha planteado un homenaje al románico. "Es un homenaje en un sentido más conceptual que plástico", aclara mientras supervisa los últimos retoques que reciben sus obras de bronce antes de estar listas para pasar a manos de los premiados por el jurado de los Premios Madrid.
"Recibimos constantemente un exceso de información interesada. Nos intoxican, por eso hay que volver al románico", reflexiona Utande mientras admira pensativo sus esculturas en el lugar donde han sido concebidas, un taller de fundición en Arganda del Rey con una atmósfera de otro tiempo y donde, entre otros artistas, trabaja a pocos metros Antonio López.
Ajenas a las reflexiones y a lo que las rodea, las esculturas se muestran de forma contundente. Pesadas, toscas... en realidad esconden un mensaje sólido que habla de la necesidad del artista de abandonar la torre de marfil para beber de la realidad que supura la calle. Una realidad confusa que exige la contundencia del románico.
Utande es consciente de que en muy pocas ocasiones los premiados son capaces de apreciar las obras que les ponen en las manos, pero asegura que "el arte no merece la pena, ni ninguna otra actividad" si no se hace de esta forma, como espejo de las ideas. Toda una lección en estos tiempos en los que la búsqueda del beneficio económico parece haberle ganado la batalla a la búsqueda de la verdadera pureza: la esencia de las cosas.
que les ponen en las manos, pero asegura que "el arte no merece la pena, ni ninguna otra actividad" si no se hace de esta forma, como espejo de las ideas. Toda una lección en estos tiempos en los que la búsqueda del beneficio económico parece haberle ganado la batalla a la búsqueda de la verdadera pureza: la esencia de las cosas.