Miércoles 17 de abril de 2013
El Ministerio de Hacienda ha hecho públicos los datos sobre la deuda de los ayuntamientos españoles. El de Madrid vuelve a colocarse en cabeza, donde va a estar por muchos años: 7.400 millones de euros. Una cantidad muy alta, que parece aún más si se tiene en cuenta que en toda la Comunidad de Madrid, los 179 municipios acumulan una deuda de 9.400 millones, y de ellos, 7,4 son sólo de la capital.
Hay un argumento que utilizan los defensores de la inmensa deuda municipal de Madrid: con ella se acometieron infraestructuras que han sido muy importantes para la ciudad, que han ayudado a su transformación y avance, que han mejorado las condiciones de vida de sus residentes, y la han hecho más competitivas. Inversiones, podría añadirse, que afortunadamente se hicieron entonces, cuando las vacas aún eran gordas, y en un tiempo récord: no quiero ni imaginar lo que hubiera supuesto la llegada de esta tremenda crisis y que el soterramiento de la M-30 hubiera quedado empantanado a medio hacer.
El caso es que las obras se hicieron, se terminaron, y aún estamos pagándolas. Y lo que nos queda. Para empeorar aún más las cosas, la deuda que arrastra el Ayuntamiento ha tenido un añadido de última hora: el Ministerio de Hacienda obligó a incorporar también lo adeudado por la EMV. La suma de las deudas del resto de las empresas municipales, de seguirse el mismo camino, empeoraría aún más la situación; pero es algo que aún no ha ocurrido, y tal vez nunca tenga lugar.
Nadie imaginaba lo que estaba a punto de caérsenos encima. Tampoco en los despachos del Ayuntamiento madrileño: la mejor prueba es que en 2008, cuando comenzaron a oler la tormenta, fueron de los primeros en tomar medidas correctoras, suspender inversiones no iniciadas y regularizar en lo posible sus cuentas. La caída de ingresos ha sido tan brutal desde entonces, que no ha habido manera de ponerse al día con las cuentas, aunque las políticas de austeridad y contención del gasto se han mantenido.
¿Hubiera sido mejor no meternos en los jardines de la M-30?¿No construir los supertúneles que entierran la autovía? Es imposible saberlo ahora. Pagar la deuda será largo y penoso, sobre todo en la actual situación económica. La penuria a que se ha visto sometido el Ayuntamiento, sobreviviendo -y ya llevamos varios ejercicios- con unos presupuestos similares a los de hace siete años, ha tenido su repercusión en los servicios públicos, como ponen de manifiesto, sin ir más lejos, los baches en las calzadas. Hasta ahora, se ha aguantado el tirón, se han pagado las nóminas y las facturas –con ayuda del Estado-, aunque no se puede invertir ni medio euro. Esperemos que el panorama mejore: 2015 es año electoral, y no me imagino, por mucho esfuerzo que hago, la lucha previa a los comicios sin una sola inauguración.
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