Jueves 04 de abril de 2013
Con la última visita de los miembros del COI a Madrid se ha disparado la euforia entre el equipo de gobierno de Ana Botella por la posibilidad –más que alta- de que nuestra ciudad sea la elegida como sede para albergar los Juegos Olímpicos de 2020.
La euforia desatada entre los miembros del Partido Popular tiene un componente político, en ningún caso deportivo, ni económico, ya que les permite sortear, al menos, dos cuestiones mayores. Por una parte, agarrarse al único clavo ardiendo que tienen para intentar mantener la mayoría absoluta en las próximas elecciones municipales de 2015 a través de lo que con toda seguridad será una larga y costosa campaña de marketing mediático, eso si, financiada por el dinero de todos los españoles. Por otra, porque la concesión de los Juegos Olímpicos a Madrid les evitará tener que responder políticamente de su pésima gestión que han sumido a nuestra ciudad en una enorme deuda (8.230 millones de euros) que estamos pagando con la subida de todo tipo de impuestos y tasas, así como con la degradación, cuando no desaparición, de servicios antes considerados esenciales en un estado democrático avanzado.
La realidad es que el empecinamiento por conseguir los Juegos Olímpicos de Madrid 2020 responde únicamente a una “necesidad” política del Partido Popular, no de los madrileños. Es el Partido Popular quien necesita las Olimpiadas para alcanzar sus objetivos políticos, su propaganda y su reelección; los madrileños necesitamos cosas mucho más perentorias.
En este disparate, el PP solo se ve respaldado por un PSOE en plena debacle que no se atreve a decir no por pura parálisis política. Una vez más, ambos partidos hacen causa común de su patente irresponsabilidad, más idénticos e intercambiables que nunca.
El empeño por celebrar en una situación de quiebra unos Juegos Olímpicos es un auténtico suicidio económico como advirtieron de inmediato en Italia, por lo que decidieron retirar a Roma de la carrera olímpica hasta enderezar el rumbo económico y social. Pero en España los partidos responsables de la quiebra actual (PP-PSOE) no solo no parecen estar dispuestos a asumir lo evidente y aprender de sus errores, sino que además persisten en hundirnos a todos con ellos. Motivo por el cual han creado una realidad virtual a través de un “argumentario” (conjunto de motivos que no responden a razón alguna) con el que -machaconamente repetido- convencer a la ciudadanía. Suman de esta manera a la irresponsabilidad política, el engaño premeditado.
Según la versión oficial de los defensores de realizar los JJOO en Madrid (PP-PSOE) la realización de los mismos sería la panacea puesto que impulsaría la recuperación económica, crearía decenas de miles de puestos de trabajo que nos llegarían a todos por distintas vías y, además, nos lo pasaríamos bien, Madrid sería una gran fiesta. ¿Quién medianamente sensato podría decir que no a todas estas ventajas? Nadie, si fueran ciertas.
Pero la realidad es bien distinta a esta narcotizante verdad oficial. Lo cierto es que los JJOO son en realidad la fiesta más cara y despilfarradora que puede organizar un país. Nada hay más caro, insostenible y efímero que unas Olimpiadas, una fiesta que hay que pagar con dinero público -de todos-, en la que los invitados vienen de gorra y tras la cual tienes que limpiar la casa y apechugar con las deudas.
No es cierto, como afirma el PP que los JJOO vayan a ser low cost (el Gobierno de España, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, todos cómplices en la falsedad –una más-). Basta para comprobarlo con analizar el baile de cifras con las que nos marean y engañan. Empezaron afirmando que como el 80 % de las instalaciones estaban terminadas los JJOO “solo” iban a costar 1.600 millones de euros, esto hace apenas unos meses. Los últimos datos aparecidos tras la marcha de los miembros del COI hablan ya de una cifra bien distinta, ahora vamos ya por 2.400 millones de euros (una desviación del 50% sobre el presupuesto inicial y eso que aún no hemos movido un ladrillo). A ver en cuánto terminamos.
Todo esto está basado en una premisa incorrecta: no es cierto que el 80% de las instalaciones estén construidas. Nada más lejos de la realidad. Hagamos un sencillo ejercicio al respecto. Cierren por un momento los ojos y piensen cuáles son las tres grandes instalaciones de unos JJOO. Seguramente ustedes hayan pensado algo muy parecido a Estadio Olímpico, la Villa Olímpica y el Pabellón de Gimnasia. Bien, pues ninguno de los tres iconos (los más caros de cualquier olimpiada) está construido, pero es que tampoco lo están ni las instalaciones para la natación, ni las de remo, ni el velódromo para las pruebas de ciclismo en pista y así un largo etcétera. ¡Cómo es posible que se falte tanto a la verdad y con tanto descaro!
Pero la cuestión no acaba ahí, la cosa es más grave aún dado que todas las instalaciones que si existen deben someterse a profundas reestructuraciones o adaptaciones como es el caso del Madrid Arena, Caja Mágica, Casa de Campo, Parque del Retiro, Club de Campo Villa de Madrid o IFEMA. En definitiva, no es que esté hecho el 80% es que falta por hacer el 80%.
Tampoco podemos olvidar otros gastos muy cuantiosos y que desde el Partido Popular “olvidan” computar, como los referentes, entre otros, a un nuevo Programa ADO –a no ser que asumamos que organizaremos las Olimpiadas pero con un estrepitoso fracaso deportivo-, en un país donde según un informe del mes de marzo 2013 la mitad de las 63 Federaciones del deporte español están en quiebra técnica y la otra mitad en dificilísima situación financiera. Capitulo aparte merece la Seguridad de los JJOO, que en las recientes Olimpiadas de Londres movilizaron a 37.000 efectivos y supusieron un desembolso de más de 700 millones de libras esterlinas (unos 830 millones de euros).
No es, por tanto, erróneo afirmar que los JJOO de Madrid no costarán ni 1.600 sino mucho, muchísimo más, tanto desde el punto de vista económico como –y esto es muy importante- desde el punto de vista social. Así ha ocurrido ya en los eventos similares que nos han precedido en Europa. Es el caso de Londres donde se presupuestaron 2.400 millones de libras esterlinas y terminaron siendo 9.300 (unos 11.000 millones de euros) o el caso de Atenas donde se presupuestaron 1.600 millones de dólares pero acabaron por costar 16.000 (unos 12.500 millones de euros). Una deuda, la griega, que según varios analistas económicos -y en una inquietante similitud con nuestra situación actual- no solo no impulsaron su economía sino que le dieron la puntilla, con los efectos conocidos.
Este sobrecoste no es ni una ilusión, ni un futurible en el caso de Madrid. De hecho, ya se está produciendo. Dos ejemplos de lo que afirmo, la Caja Mágica fue presupuestada en 120 millones de euros (un disparate en sí mismo) pero terminó costando 294, a lo que habrá que sumar su actualización. Y el Centro Acuático presupuestado en un principio (año 2007) en 250 millones de dólares y que ya en 2008 había incrementado su coste un 4% sobre lo inicialmente previsto. Hoy se encuentra parado y abandonado y nadie sabe lo que nos va a costar finalmente.
Así que, ni es cierto que estén hechas el 80% de las instalaciones de los JJOO, ni es cierto que vayan a costar 1.600 millones de euros, ni es cierto -desgraciadamente- lo que se ha convertido en el gran argumento del PP para justificar cualquier cosa que se les ocurra, la recuperación económica.
Y es que la realidad es tozuda y los datos económicos del Reino Unido desmienten el supuesto efecto positivo que sobre el crecimiento económico tiene la organización de unos Juegos Olímpicos. Veamos algunos datos. El PIB del Reino Unido en los últimos cinco años fue el siguiente; 2008 -1%, 2009 -4%, 2010 1,8%, 2011 0,9% y 2012 0%. Mientras que, por ejemplo, el PIB de Francia –sin Olimpiadas- en esos mismos cinco años fue; 2008 -0,1%, 2009 -3,1%, 2010 1,7%, 2011 1,7% y 2012 0,1%. Tampoco parece que los Juegos hayan beneficiado a la capacidad que tiene el Reino Unido para cumplir con sus obligaciones crediticias como demuestra la reciente pérdida en 2013 de la máxima calificación (AAA) por primera vez en su historia. Una deuda que en el Reino Unido ha pasado de suponer en el 2008 el 52% del PIB a suponer el 85% en 2011. Del mismo modo, los datos del paro, aún siendo infinitamente mejores que los de España, tampoco parecen reflejar el “efecto olímpico” manteniéndose entre fuertes tensiones sociales tasas en el entorno del 8%.
Muy al contrario de lo que defienden los entusiastas del efecto balsámico-económico de Madrid 2020 no es difícil adelantar que su secuela será probablemente la contraria y sumirá a España en una crisis económica como ya nos ocurrió en 1992 tras la celebración de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. Una apuesta, aquella, que con los años se conoció como “los fastos del 92”.
A nadie debe escapársele una realidad incuestionable y que los responsables políticos de este embrollo pretenden ocultar o minimizar. Que la financiación de los JJOO obligará al Estado a costear con deuda pública tal disparate en un contexto de fuertes recortes, subida de impuestos y difícil acceso del Reino de España a los mercados financieros internacionales a no ser pagando unos intereses cercanos a la usura. De manera, que para sufragar “la-fiesta” no solo deberemos acaparar financiación y endeudarnos durante años, si no que además se desplazará del crédito (crowding out) a las empresas grandes, pequeñas y medianas, así como a las familias, otro disparate más.
Todo esto en un país, el nuestro, con la credibilidad internacional por los suelos y donde el Ministro de Hacienda hace ejercicios de contabilidad creativa para ocultar el déficit real (por no llamarle directamente falsedades), rectificado hasta el sonrojo por Eurostat con un déficit corregido y aumentado hasta el 7% que costará en 2013 no menos de 2.500 millones de euros adicionales en nuevos recortes e impuestos. Y, recuerdo, una ciudad con 8.230 millones de euros en deudas por pagar.
Jaime Berenguer, portavoz adjunto de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid.
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