En el epicentro de la Península Ibérica se encuentra una región que ha sido cuna de dos Nobel de Literatura y de grandes escritores como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca; que alberga tres tesoros declarados patrimonio de la humanidad; que es el centro financiero, el eje de las comunicaciones del país y la que más aporta a las arcas públicas del Estado. Es la Comunidad de Madrid, un crisol multicultural que acoge a 179 nacionalidades en otros tantos municipios.
Aunque Madrid cuenta con una
extensa historia, no hay que echar la vista muy atrás para recordar el nacimiento de la comunidad autónoma como tal. Fue en 1983 cuando fue aprobado su
Estatuto de Autonomía, que desechaba definitivamente la propuesta de integrarla en Castilla-La Mancha. Si su origen como comunidad autónoma es reciente también lo fueron los actuales
límites provinciales fijados en 1833. Entonces, la provincia de Madrid quedó integrada en la región de Castilla la Nueva, junto con Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo.
Pero si un acontecimiento determinó el devenir de la actual comunidad ese fue, sin duda, la designación de la Villa de Madrid como
capital de España. La decisión corrió a cargo de
Felipe II, en 1561. La llegada de la Corte supuso para los madrileños la primera de las cargas que iban a llevar por el honor de vivir en el centro del
imperio español: los propietarios de casas de más de una planta tuvieron que ceder una de ellas para acoger a los cortesanos recién llegados. La respuesta de muchos madrileños fue singular: hicieron obras para hacer desaparecer las ventanas de una de las plantas lo que dio lugar a las llamadas
'casas a la malicia', de una planta por fuera y dos por dentro. Sin embargo, el
estatus de capitalidad de la nación no quedaría propiamente oficializado hasta la Constitución de 1931 cuando Madrid fue declarada la
capital de la República. Esta consideración fue incluida, asimismo, en la Constitución actual de 1978.
Un territorio accidentado
Madrid es, ante todo, una
región de contrastes, comenzando por su orografía. A pesar de su reducida superficie -8.028 kilómetros cuadrados-, la Comunidad se caracteriza por su gran
variedad geográfica y sus marcados contrastes entre la Sierra y las llanuras del valle del Tajo. Prueba de ello es la diferencia entre el punto más bajo de la Comunidad, en el río Alberche a su paso por Villa del Prado, con 430 metros sobre el nivel del mar; y el más elevado, el Pico de Peñalara, con 2.428 metros. Un record al que se suma la ciudad, que se extiende sobre una meseta de
650 metros de altitud media, que se convierte así en la capital europea más elevada sobre el nivel del mar.
Al norte de la región, integrada en el
Sistema Central, se alza la sierra madrileña, un conjunto montañoso que se extiende a lo largo de 140 kilómetros. En ella se distinguen la sierra de Guadarrama, el conjunto formado por las de Somosierra y Ayllón y las estribaciones de la sierra de Gredos. A sus pies se sitúan las llanuras del Tajo y el relieve relativamente accidentado de sus campiñas, páramos y vegas.
Esta
diversidad geográfica determina también un fuerte
contraste climatológico, con temperaturas absolutas que van desde los -8 grados hasta los 44 grados y precipitaciones que oscilan entre los 400 y los 2.000 milímetros. La comunidad comparte así un
clima de montaña, propio de la sierra, con inviernos fríos y precipitaciones en forma de nieve, y otro
mediterráneo continental, marcado por temperaturas medias de entre 7 y 15 grados y escasas precipitaciones -generalmente no superiores a 700 milímetros anuales- concentradas en primavera y otoño. En la ciudad de Madrid el clima además se ve afectado por los efectos de la denominada
'isla de calor' derivada de la actividad urbana, que genera un incremento de los valores térmicos medios y que se traduce principalmente en un repunte de las temperaturas nocturnas. La región registra por estas causas
récords meteorológicos como los 44,3 grados alcanzados en el Observatorio Astronómico de Madrid en 1878 o los -20,3 grados registrados en el Puerto de Navacerrada en 1962.
Mayrit, 'madre de aguas'
El agua ha contado tradicionalmente con una gran importancia en la región, hasta el punto de hallarse en su toponimia. Su etimología -
Mayrit, 'madre de aguas'- deriva precisamente de las
fuentes y aguas subterráneas que recorrían el primer asentamiento humano junto al Manzanares. A día de hoy, las reservas subterráneas representan aproximadamente un tercio del total de recursos hídricos. Su calidad la sitúa como una de las aguas más puras de Europa, con muy pocos residuos gracias a la abundancia de granito de la Sierra de Guadarrama.
La región se integra en la
cuenca hidrográfica del Tajo, que surca municipios del sur como Aranjuez, Belmonte, Brea y Fuentidueña de Tajo. Subsidiarias del Tajo son las cuencas del Jarama, del Guadarrama y del Alberche. Además, a pesar de ser la comunidad autónoma más alejada geográficamente del mar, Madrid cuenta con su propia playa: el pantano de San Juan.
La atracción de Madrid
Madrid, que en el año
1900, era la tercera provincia más poblada de España, por detrás de Barcelona y Valencia, al albergar a 800.000 habitantes (el 4,1 por ciento de la población nacional), contabiliza en la actualidad al 13,75 por ciento en la actualidad. En total, la población ya asciende a
6.498.560 habitantes, según los datos del INE relativos a 2012, una cantidad que supera con creces la suma del total de habitantes de Finlandia y Luxemburgo, por poner un ejemplo.
Las disparidades propias de Madrid