Opinión

A la tercera va la vencida

Jueves 21 de marzo de 2013
 

Eso es lo que espera la mayoría de los madrileños y malamente entenderían que ocurriera lo contrario. No entiendo bien a las organizaciones críticas con la inversión que tendríamos que desembolsar para responsabilizarnos en Madrid de los Juegos 2.020.

Nos pasamos el día reclamando una economía pública productiva y cuando se habla de emplear mil quinientos millones de euros para esa celebración, ciertos personajes se llevan las manos a la cabeza. La coyuntura no está para alegrías, pero un acontecimiento mundial de ese calibre bien merece un esfuerzo colectivo.

Decenas de miles de parados se emplearán en la edificación de la Villa  Olímpica, la construcción de las dotaciones imprescindibles para albergar y desplazar rápidamente a tantos deportistas, la atención esencial a los millones de visitantes y la terminaciónm de los polideportivos que nos faltan. Muchos profesionales más, desesperanzados y aburridos de guardar la vez en las colas de INEM, tendrán también la oportunidad de encontrar un puesto de trabajo.

El dinero podría emplearse en otros menesteres, sin duda, pero no es un mal asunto colocar a Madrid en el escaparate mundial de unas Olimpiadas y  adaptar nuestra ciudad a una concentración de características tan colosales.

Gracias a este hermoso oficio de juntar palabras, he tenido la ocasión de contemplar la transformación mágica acontecida en ciudades agraciadas con el premio gordo de las grandes citas internacionales. Barcelona se ganó a pulso sus Olimpiadas y aprovechó con inteligencia la confianza que se depositó en su ciudadanía ilusionada, laboriosa y participativa. No le faltaron las ayudas que sus regidores requirieron a Cataluña y a toda España. Fue una demostración orgullosa de capacidad solidaria y todos los españoles acompañamos el evento como si fuera nuestro.

Barcelona se abrió al mar. Se derribaron las destartaladas barriadas industriales que ocultaban a los barceloneses las orillas urbanas del Mediterráneo, recuperó el balcón marítimo del viejo puerto, adecentó sus calles y avenidas, excavó arterias subterráneas para canalizar el tráfico y levantó una Villa Olímpica que luego se convirtió en un distrito moderno y confortable.

En las crestas de Montjuic, acompañando al viejo Estadio, que remodelado y enlucido se nos apareció como nuevo, se levantaron las nuevas instalaciones deportivas. Aquello fue una fiesta que aún permanece en el recuerdo de todo el olimpismo y Barcelona renació nueva y distinta.

Madrid dispone de todo lo necesario para acoger unos Juegos: un pueblo dispuesto, una historia milenaria inventariada en su callejero, los mejores transportes colectivos de toda Europa, las estructuras más sofisticadas y la capacidad demostrada de atender a millones de visitantes. Madrid deslumbra a propios y extraños con su majestuosa vida cultural y sus espectaculares museos. Es imposible caminar sin tropezarse con alguno de sus artistas y creadores. Madrid no ha necesitado de compromisos tan singulares para recomponerse y transportarse al futuro. Madrid se ha multiplicado fecundamente con sucesivos aluviones de gentes ajenas que aquí se quedaron.

Todos juntos, los vecinos de siempre y los que llegaron de fuera, hemos alumbrado una villa monumental y acogedora. Aquí no falta de nada, por mucho que miren y remiren los miembros del COI. Madrid se lo merece y todos esperamos que a la tercera vaya la vencida.

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