Opinión

Codicia y cleptocracia

Lunes 04 de febrero de 2013
Da asco lo que estamos conociendo sobre los casos de corrupción, mucho asco, tanto que no es necesario meterse los dedos en la boca para vomitar. Luis Bárcenas, al que nadie conoce ahora en el PP a pesar de haber llevado las cuentas de este partido durante más de 20 años, tiene una cuenta en el extranjero con más de 20 millones de euros. En ese largo tiempo, hasta la aparición del ‘caso Gürtel y tras relacionársele con estos negocios sucios entre los que tienen y la política, parece ser que repartió sobres con bicho pecuniario dentro a todos los mandamases de la derecha desde Aznar hasta Rajoy.

 Los ‘papeles de Bárcenas’ han hecho saltar todos los resortes y da la sensación de que puede ser el final de un etapa en la que la codicia, afán excesivo de riquezas y deseo vehemente de algunas cosas buenas, se impone como conducta de los que borrachos de poder no se cortan un pelo para mantener una normalidad tan poco natural como el gobierno de los ladrones, conocido como cleptocracia: propensión morbosa al hurto. Si echamos la vista atrás nos encontramos con asuntos en los que los codiciosos enloquecen y se distancian de los avaros, que son los que ya tienen pero lo guardan para que nadie se lo levante. El avaro tiene y lo oculta porque se lo reserva todo para él, y el codicioso quiere lo que no tiene y tiene un afán excesivo de riquezas.

Este personaje tiene mucho peligro porque cuando se junta con el tramposo todo trascurre rodeado de engaños. Bárcenas es un caso escandaloso pero es otro más. ¿Recuerdan al popular  José Luis Baltar, al que acusan de haber colocado a dedo a mogollón de agradecidos en su etapa de presidente de la Diputación de Ourense o a la exalcaldesa socialista de Chipiona, condenada por haber realizado un total de 345 contratos a dedo? Lo escandaloso no es que cualquier alto cargo coloque de manera desmesurada e ilegal, sino que sea legal que el ejército de agradecidos, sumisos y fieles a alguna de las siglas que participan del reparto de poder se coloque con la misma facilidad y sin ninguna pega que cuando lo hace con sustancias adictivas. ¿Y del “caso Pallerols”, consistente en montar cursos de formación para trabajadores con dinero  público y desviar fondos a Unión Democrática de Cataluña, qué me dicen?

Demasiados miles de millones de euros de los erarios públicos para repartir entre entidades sindicales, políticas, empresariales y de otro tipo para financiar, en muchos casos, no la formación de los trabajadores sino para subvencionar a indocumentados y aprovechados de su cercanía con tal o cual familia política con acceso al poder. Un día sí y otro también nos damos de bruces con listos que colocan a sus novias y de listas que hacen lo propio con sus amantes aprovechando que mandan los nuestros. Cuando éramos de los mejores y el dinero no se acababa ni tirándolo, todo sucedía con normalidad porque la norma era hacer cursos de formación de codicia, pero ahora que andamos mejor de rodillas que de dinero, toda la basura sale por la boca de los que han dejado de ser lo que eran y se convierten en uno más. La democracia sufre de democracia y transparencia y estas cosas se curan con más democracia y con reglas del juego claras, y con menos conductas sospechosas de querer tirar balones fuera a la espera de que escampe. Si no se actúa rápido, no sólo desde el punto de vista judicial, y los ceses y dimisiones aparecen por todos los lados, seguiremos escuchando en los bares y charlas serenas y reflexivas que la avaricia ha conseguido que se imponga el gobierno de los ladrones.  

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